A las 8 de la mañana, el aroma a masa recién horneada se cuela por la puerta de cristal de Wimo The Waffle Shop. Los clientes, algunos con sus perros atados a la silla, se acomodan en la terraza mientras el sol de la Plaza Monte Verde empieza a calentar el asfalto. El sonido de la plancha chisporroteando acompaña la charla de vecinos que ya conocen el ritual del "waffle de chilaquiles".
El menú de Wimo, accesible en su hoja digital, destaca ese waffle salado como su firma. Una base crujiente se cubre con salsa verde, huevo estrellado, queso fresco y tiras de jamón serrano; el plato llega por aproximadamente $150 MXN. Cada bocado combina la textura ligera del waffle con el picante sutil del verde, la cremosidad del huevo y la salinidad del jamón, creando una explosión que deja a los comensales pidiendo otra ronda. Los niños, por su parte, prefieren el "Waffle de matcha con frutas" que cuesta $130 MXN, una opción que equilibra el amargor del té verde con la dulzura de los frutos rojos.
Detrás del mostrador, el equipo de Wimo prepara con mimo cada combinación. Los viernes, cuando el local abre de 5 a 9 pm, la fila se extiende hasta la acera y los pedidos de waffles con salmón ahumado se vuelven la conversación del barrio. Un cliente comenta: "El waffle de salmón es como un brunch de mar, fresco y sorprendente". Otro visitante escribe: "Los waffles dulces con mezclas de frutos y chocolate son perfectos para acompañar un café en la tarde". Y una tercera reseña señala: "El ambiente pet‑friendly hace que venir con mi perrita sea parte del placer".
Wimo no se limita a los waffles; su carta incluye opciones para todos los gustos. Los "waffles de queso y jalapeño" aparecen en la lista de favoritos de los amantes del picante, mientras que los "waffles de fruta tropical" atraen a quienes buscan algo ligero. El local, ubicado en Montes Apalaches 155, Lomas de San Luis 2da Secc, mantiene un horario de 9 am a 2 pm todos los días, y extiende sus horas hasta la noche de martes a sábado, lo que permite una visita tanto para el desayuno como para la cena ligera.
Al cerrar la tarde, el sol se pone detrás del letrero de Wimo y la terraza se vacía poco a poco. El último cliente se lleva un waffle de chocolate y una taza de café, mientras el personal limpia la plancha y prepara el próximo lote. La experiencia se queda en la memoria como una combinación de sabor, comunidad y un toque de nostalgia que solo un buen waffle puede ofrecer. Si alguna vez caminas por la Plaza Monte Verde, detente en Wimo The Waffle Shop y deja que el crujido de la masa te cuente su historia.






