A las siete de la tarde, el bullicio del Jardín se vuelve más lento y el aire lleva el perfume de frutas maduras. En la esquina de Valentín Gama 631, una fila de jóvenes y abuelos se agolpa frente a la vitrina de CIAO Gelato Artigianale, donde el mostrador de vidrio muestra filas de colores que parecen pequeños arcoíris. El sonido de la cuchara raspando el gelato se mezcla con risas y el tintinear de vasos de plástico. La primera cucharada de pistacho me golpea con una cremosidad que recuerda a la mantequilla fresca, mientras un toque de sal realza cada matiz verde.

El lugar nació en 2018 cuando dos hermanos italianos, amantes del gelato artesanal, decidieron traer a San Luis Potosí la tradición de los sorbetes de temporada. La carta, aunque cambia según la estación, siempre incluye sabores icónicos como pistacho, mandarina y coco. El sorbete de mandarina, servido en un vaso de vidrio con una ramita de menta, tiene una acidez que corta la dulzura y deja una sensación refrescante en la lengua, ideal para los calurosos atardeceres de la ciudad. El coco, con trocitos de pulpa y una capa ligera de crema, recuerda a las playas del Caribe y suele acompañarse con una galleta de coco tostado que cruje al morder.

Los clientes habituales hablan con entusiasmo. "El pistacho es una explosión de sabor, nunca había probado algo tan cremoso" escribe una reseña de una estudiante de la Universidad Autónoma. Otro cliente comenta: "El sorbete de mandarina me transporta a mi infancia, cuando mi abuela hacía limonada con esa fruta". Una tercera opinión menciona: "Me encanta que tengan opciones sin lactosa, el coco es perfecto para mi intolerancia". Estas voces revelan por qué la gente vuelve: la calidad del producto, la variedad de sabores y la atención amable del personal que siempre está dispuesto a recomendar una combinación inesperada.
El interior del local combina mesas de madera clara con sillas de metal negro, creando un ambiente que se siente tanto moderno como familiar. Las paredes están decoradas con fotografías en blanco y negro de los fundadores en Italia, mientras una pizarra escrita a mano anuncia los sabores del día: frambuesa de temporada, chocolate amargo y el siempre presente pistacho. La música de fondo es una mezcla de indie pop latino y clásicos italianos, lo que hace que el tiempo parezca fluir más despacio. En los fines de semana, la clientela se extiende hasta la hora de cierre, a las nueve, y el local se llena de conversaciones animadas y selfies con los conos de colores.
Al cerrar la puerta a las nueve, el aroma de los últimos vasos servidos se queda suspendido en el aire. Salgo del local con la mano aún manchada de pistacho y una sonrisa que no puedo ocultar. CIAO Gelato Artigianale no es solo una heladería; es un punto de encuentro donde cada sabor cuenta una historia y cada visita se convierte en un recuerdo dulce que se lleva consigo por la ciudad. La próxima vez que el sol se ponga sobre el Jardín, sabré exactamente dónde buscar la siguiente cucharada de felicidad.






