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Una noche en La Bici De Cleta: el bar que acelera el sabor en Pachuca

Entre luces de neón y el aroma a mezcal, La Bici De Cleta se convierte en el punto de encuentro de los noctámbulos de Pachuca.

A las ocho de la noche, la calle Hidalgo vibra con el sonido de conversaciones y el tintinear de copas. La Bici De Cleta abre sus puertas y una fila de jóvenes con bicicletas y mochilas se detiene frente al letrero de neón verde que parpadea. El aire se llena de notas ahumadas de mezcal y el perfume dulce del churro relleno de cajeta que se sirve en la barra. Dentro, la música indie suena a bajo volumen mientras los clientes se acomodan en taburetes de metal y mesas de madera reciclada.

El corazón del lugar es su "Cleta Margarita", una mezcla que combina tequila reposado, jugo de toronja fresca y una pizca de chile de árbol. Cuesta $120 y llega en una copa escarchada que destila vapor al primer sorbo. El primer trago golpea con la acidez del cítrico, seguida por el calor del chile que deja una sensación de hormigueo en la lengua. Una reseña de Ana G. comenta: "La Cleta Margarita es como una bocanada de aire fresco en medio del calor de la ciudad". Otro cliente, Jorge L., escribe: "El toque de chile es perfecto, no demasiado fuerte, solo lo justo para despertar los sentidos". Por último, Marta R. asegura: "Nunca había probado una margarita que hiciera bailar a mis papilas gustativas".

Más allá del cóctel estrella, el menú de bar ofrece tacos de cochinita pibil a $85, servidos con cebolla encurtida y salsa de habanero que corta la grasa de la carne. La textura tierna de la carne se funde con la crujiente tortilla de maíz, creando un contraste que los comensales describen como "un abrazo de sabores". En una reseña, Luis P. señala: "Los tacos son auténticos, la salsa tiene el nivel justo de picante". La barra también sirve una selección de cervezas artesanales locales, como la Pale Ale de la Cervecería Pachuca, que a $70 complementa perfectamente los platos picantes.

La historia del bar está ligada a la pasión de su fundadora, Cleta Hernández, quien decidió abrir el espacio tras años de recorrer ciclovías y descubrir la escena nocturna de la ciudad. Según su entrevista en la página del negocio, quería crear un lugar donde los ciclistas pudieran descansar, tomar algo y compartir historias. Esa visión se refleja en la decoración, que celebra la cultura ciclista del barrio.

Al cerrar la noche, alrededor de la medianoche, la atmósfera se vuelve más íntima. Las luces se atenúan, el sonido del vinilo cruje y los clientes se acomodan en los sofás de cuero gastado. Una conversación entre dos amigos termina con la frase: "Este es el sitio donde la ciudad se siente más viva". Salir de La Bici De Cleta después de una ronda de cócteles y tacos deja una sensación de haber sido parte de algo auténtico, un refugio donde la cultura ciclista y la gastronomía se encuentran bajo un mismo techo.

Al volver a la calle, el aroma de la madrugada se mezcla con el eco de la música que aún se escapa del interior. La Bici De Cleta sigue allí, lista para recibir a los próximos aventureros que, como tú, buscan un rincón donde el sabor y la comunidad giren al mismo ritmo.

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