A las siete de la mañana, la calle de la Reforma ya vibra con el aroma a café recién molido que escapa de la puerta de ONNNO. Los primeros clientes, una mezcla de estudiantes y oficinistas, se acomodan en las mesas de madera mientras el sol dibuja sombras alargadas sobre el piso. El sonido de la máquina de espresso se mezcla con el murmullo de la ciudad, creando una atmósfera que invita a quedarse.
A las dos de la tarde, el local se llena de familias que llegan después de la escuela. El menú, que abarca desde MX$1 hasta MX$100, ofrece tacos de carne asada, quesadillas de flor de calabaza y una selección de aguas frescas. El taco de carne asada, a MX$85, destaca por su tortilla ligeramente crujiente, la carne jugosa y la salsa verde que le da un toque picante. Cada bocado combina la suavidad del maíz con el sabor ahumado de la parrilla, y los comensales comentan que el equilibrio es perfecto. “Los tacos de carne asada son los mejores de la ciudad”, afirma Luis, uno de los habituales que visita el lugar casi a diario.
Los visitantes recurrentes hablan del ambiente tanto como de la comida. “El servicio es rápido y amable”, comenta Ana, quien suele venir a trabajar en su laptop. La música en vivo, que suena en las tardes de viernes, aporta una capa extra de energía; Marta, una artista local, dice: “Me encanta el ambiente relajado y la música en vivo, me hace sentir parte de la comunidad”. El espacio se mantiene limpio y el personal recuerda los nombres de los clientes habituales, creando una sensación de pertenencia.
Al caer la noche, el ambiente en ONNNO se vuelve más íntimo. Los precios siguen siendo accesibles, y el platillo de mole negro, a MX$95, se convierte en la elección de muchos que buscan algo más sustancioso. La salsa cubre la carne de pollo con una textura suave que se deshace en la boca. Los comensales describen la experiencia como “un abrazo cálido”, una sensación que el chef, formado en la región, busca transmitir en cada plato.
Al cerrar, alrededor de las diez de la noche, los últimos clientes se despiden con una sonrisa y la promesa de volver. La calle sigue viva, pero el eco de las risas dentro de ONNNO persiste. Salir del local con el sabor del mole aún en la lengua y el recuerdo de una conversación amena es, para muchos, la mejor forma de terminar el día en Oaxaca. Cada visita refuerza la idea de que ONNNO no es solo un lugar para comer, sino un punto de encuentro donde la comida, la gente y la cultura se entrelazan en una rutina diaria que se siente, sin embargo, siempre nueva.






