A las siete de la tarde, la calle Guadalupe Victoria vibra con el sonido de los wok chocando y el murmullo de la gente que se agolpa alrededor del letrero de Muralla China. El aire huele a salsa de soja, ajo y un toque de pimienta que te hace detenerte en la acera, mientras el vapor de los platos recién hechos se eleva como una señal de bienvenida.
Dentro, las mesas están llenas de locales que comparten risas y platos de colores. El buffet ofrece una variedad que incluye arroz frito crujiente, pollo a la naranja con su glaseado brillante y una sopa agripicante que calienta el cuerpo. El arroz frito, a MX$70, combina granos sueltos con trozos de jamón y huevo, mientras que el pollo a la naranja, a MX$85, sorprende con su piel dorada y un equilibrio entre lo dulce y lo ácido. La sopa agripicante, a MX$55, llega humeante, con trocitos de tofu y una pizca de chile que deja una sensación cálida en la garganta.
“Los precios son accesibles y las raciones generosas”, escribe Ana en su reseña de 2023, y esa frase resume lo que la mayoría de los comensales sienten. Otro cliente, Luis, comenta: “El sabor del pollo a la naranja es auténtico, como si estuviera en Shanghai”. Por último, Marta señala: “El ambiente es familiar, siempre hay música suave y el servicio es rápido”. Estas voces revelan por qué Muralla China se ha convertido en un punto de referencia para los amantes de la comida china que buscan una experiencia sin pretensiones pero llena de sabor.
La historia del lugar se remonta a 2009, cuando un grupo de emprendedores decidió traer un pedazo de la cocina del norte de China a Oaxaca. Desde entonces, el restaurante ha mantenido su horario constante de 10:30 AM a 8 PM todos los días, lo que permite a los clientes venir tanto para el almuerzo como para la cena. La decoración es sencilla: una barra de servicio donde los cocineros preparan los platos al momento, ofreciendo una visión directa del proceso culinario.
Al cerrar la noche, el bullicio disminuye y los últimos comensales se despiden con una sonrisa y una bolsa de sobras. El aroma a soja persiste en el aire, recordándote que la experiencia no termina al salir del restaurante. Muralla China sigue allí, listo para recibir a la próxima ola de curiosos que buscan un viaje gastronómico sin salir de Oaxaca.






