A las ocho de la mañana del domingo, la calle Luis Donaldo Colosio se llena de un humo dulce y picante que proviene del pequeño local en Los Pinos 111. Los clientes llegan con mesas plegables, algunos con cafés en mano, mientras el chef ya prepara la leña para el horno. El crujido de la madera al encenderse marca el inicio de la jornada, y el olor a carne marinada se mezcla con el perfume del mercado cercano. El ambiente es relajado, con risas que se escapan entre los platos y el sonido lejano de una guitarra que alguien toca en la esquina.
Barbacoa de horno lleva más de una década sirviendo su especialidad de barbacoa al estilo tradicional oaxaqueño. La carne, cocida lentamente en el horno de leña, sale tierna y jugosa, con la piel ligeramente caramelizada. Los visitantes habituales hablan de la textura que se deshace en la boca y del sabor ahumado que recuerda a los tiempos de familia. El menú, aunque sencillo, destaca la barbacoa de cordero y la de res, acompañadas de tortillas recién hechas y salsa de chile de árbol. Los precios son accesibles, con platos que rondan los 80 pesos, lo que permite a los locales volver una y otra vez.
La calidez del lugar se siente en cada visita. El aroma al entrar hace sentir en casa, y la carne recuerda a la infancia. El servicio es rápido y el personal siempre tiene una sonrisa, incluso cuando el horno está a pleno fuego. Me encanta venir aquí los domingos; el ambiente es perfecto para compartir con la familia y la barbacoa nunca decepciona. La combinación de buena comida y un trato cercano convierte a Barbacoa de horno en un punto de referencia para los oaxaqueños.
El interior del restaurante es modesto y permite ver el interior del horno. En la pared hay elementos que recuerdan la historia del lugar. La atención al detalle se percibe en la forma en que el chef corta la carne, siempre con precisión, y en cómo sirve los acompañamientos. A medida que el día avanza, la clientela cambia: por la mañana llegan familias con niños, al mediodía aparecen grupos de trabajadores y, al atardecer, parejas que buscan una cena tranquila.
Cuando el sol comienza a bajar, el humo del horno se vuelve más denso y el aroma se intensifica, creando una atmósfera casi ritual. Los últimos comensales se quedan escuchando el chisporroteo de la leña, mientras el chef apaga lentamente el fuego. Salir de Barbacoa de horno después de una visita se siente como cerrar un capítulo de una historia que se repite cada semana. El sabor de la carne, la conversación y el recuerdo del horno siguen presentes, invitando a volver pronto.






