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Cozy indoor view of a Turkish restaurant with Manisa kebab posters and a waiter at the counter.Destacado

Una noche de fettuccine y recuerdos en Antica Roma

En una terraza de La Florida, el aroma del tomate y el parmesano envuelve a los comensales mientras el reloj marca las ocho de la noche.

A las ocho de la noche, la terraza de Antica Roma en La Florida se llena de risas y el sonido lejano de una canción de Mario que parece mezclarse con el tintinear de los cubiertos. El aire huele a salsa de tomate recién cocida, a pan recién horneado y a una ligera bruma de sangría que se escapa de las copas. En la mesa de al lado, una pareja discute animadamente sobre la mejor forma de enrollar una porción de fettuccine al dente, mientras el camarero pasa con una bandeja de pan de ajo crujiente.

El fettuccine al pomodoro, el plato estrella del menú, llega en una fuente grande, cubierto de una salsa roja brillante que brilla bajo la luz tenue del farol. Cada hebra está perfectamente cocida, firme al morder, y se enreda con trozos de albahaca fresca que desprenden un perfume herbáceo. El queso parmesano se derrama en finas láminas, añadiendo una textura cremosa que contrasta con la ligera acidez del tomate. El precio, 150 $, lo sitúa en la gama media del restaurante, pero la experiencia justifica cada peso. A su lado, una jarra de sangría de frutas, 120 $, refresca el paladar y acompaña la comida con su dulzura ligera.

Los visitantes habituales hablan de la atmósfera relajada y del personal que parece conocer a cada cliente por nombre. “Me encanta venir aquí después del trabajo, el fettuccine siempre me recuerda a casa”, comenta una reseña reciente. Otro cliente escribe: “El servicio es rápido y la atención es cálida, siempre me hacen sentir como en familia”. Una tercera opinión destaca la relación calidad‑precio: “Por 150 $ obtienes una porción generosa y sabores auténticos, sin pretensiones”. Estas voces se entrelazan con la historia del local: fundado por una familia italiana que trajo recetas de la región de Roma, el restaurante ha mantenido su esencia a través de los años, ofreciendo platos accesibles sin perder la autenticidad.

Al cerrar la noche, la terraza se vuelve más íntima; las luces se atenúan y la música baja de tono. El aroma del ajo y el tomate persiste en el aire, recordando a los que se quedan que Antica Roma no es solo un lugar para comer, sino un pequeño refugio donde la comida y la conversación fluyen con naturalidad. Al salir, el eco de las risas se mezcla con el sonido de la calle, y uno se lleva el recuerdo de una fusión perfecta entre tradición y hospitalidad merideña.

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