A las siete de la tarde, el calor de Mérida empieza a ceder y el sonido de los ventiladores de techo se mezcla con el chisporroteo del carbón. En la terraza de 100% al Carbón – Norte, una familia de cuatro se acomoda en una mesa de madera, mientras el aroma a carne asada invade la calle 22. El chef, con la espátula en mano, voltea una pieza de arrachera que aún conserva la costra dorada, y el vapor lleva consigo notas de ajo y pimienta que hacen que el estómago se haga agua.
El menú, disponible en línea, destaca la "Especial Mixed Grill" que combina bistec de lomo, chorizo argentino y un trozo de lengua de res. Cada corte llega a la mesa con su propia salsa: la arrachera se baña en una crema de ajo ligera, el chorizo se sirve con chimichurri picante y la lengua se acompaña de una salsa de tomatillo que corta la grasa con acidez. Los clientes habituales hablan de la consistencia de la parrilla; la carne nunca está seca, siempre jugosa, y el carbón le da ese sabor ahumado que no se encuentra en otros lugares de la ciudad.
La atención familiar del lugar es notable. El personal hace que los comensales se sientan como en casa, especialmente al servir horchata latte para los niños. Los tacos de lengua son una revelación, con tortilla crujiente y carne tierna que hacen de cada bocado una fiesta. La zona de niños permite que los hijos jueguen mientras esperan el asado, y la comida sigue siendo de primera. Estas voces pintan un cuadro de un restaurante que combina buena comida con un ambiente relajado y familiar.
El local también es conocido por sus mezcalitas, una mezcla de mezcal con jugo de toronja. Al probarla, el ahumado del mezcal se equilibra con la acidez cítrica, creando una experiencia refrescante que complementa la grasa de la carne. Por la noche, la terraza se convierte en un punto de encuentro para jóvenes y adultos que buscan una cena sin pretensiones pero con sabor auténtico.
Al cerrar la noche, la familia del principio se levanta satisfecha, y los adultos sienten haber encontrado un rincón donde la comida y la comunidad se encuentran. El humo se disipa, pero el recuerdo del asado permanece, invitando a volver mañana mismo para otro plato de chorizo argentino o una taza de horchata latte.






