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Black and white street photography of nighttime scene by Mérida Cathedral in Yucatán, Mexico.Destacado

Un café con encanto en el Paseo Montejo

Una tarde en el Paseo Montejo, el aroma a café recién molido y el murmullo de conversaciones convierten a Starbucks en el refugio perfecto para merideños y visitantes.

A las siete de la mañana, el sol apenas se cuela entre los arcos coloniales del Paseo Montejo y ya se forman pequeñas filas frente al vidrio de Starbucks. El olor a café tostado se mezcla con el perfume del ambiente de la terraza y, mientras el barista prepara el primer frappé del día, una pareja de estudiantes revisa notas en sus laptops y una anciana con su perro se sienta en una mesa exterior, mirando pasar los tranvías. El sonido de la máquina de espresso marca el ritmo del inicio del día, y el espacio se siente a la vez bullicioso y tranquilo.

El corazón del local es su menú de bebidas frías, y el que más llama la atención es el Caramel Frappé, una espuma cremosa que lleva un chorrito de salsa de caramelo y una pizca de canela. Cada sorbo combina la dulzura del caramelo con la intensidad del espresso, y la textura es tan ligera que parece derretirse en la boca. El precio está en torno a los $85, lo que lo coloca dentro del rango accesible para la mayoría de los clientes. Otro favorito es el Frappé de Vainilla, que cuesta $78 y se sirve tal cual. Los clientes suelen acompañar estas bebidas con un panini de jamón y queso, disponible por $120, aunque el verdadero protagonista sigue siendo la bebida.

Los comentarios de los clientes revelan una comunidad que valora tanto la calidad como el ambiente. "Me encanta el aroma del café por la mañana, me da energía para el día", escribe Ana en una reseña de 2023. Otro cliente, Luis, destaca la zona exterior: "El patio es perfecto para trabajar, la luz natural y la brisa hacen que el tiempo pase volando". Por último, Carla comenta sin rodeos: "El frappé de caramelo es mi debilidad, cada sorbo es una explosión de sabor". Estas voces pintan un cuadro de un lugar donde la gente viene a reunirse, a estudiar o simplemente a disfrutar de un momento dulce.

Detrás del mostrador, el personal se muestra siempre amable y rápido. La gerente, Marta, comenzó trabajando como barista en la sucursal de la Ciudad de México antes de mudarse a Mérida, y lleva más de cinco años al frente del local. Su pasión por el café la lleva a probar nuevas combinaciones y a entrenar al equipo en técnicas de preparación, lo que se refleja en la presentación de los cappuccinos. La limpieza del espacio es otro punto fuerte; los clientes aprecian la atención al detalle, desde las mesas pulidas hasta los cubiertos bien alineados.

Al caer la tarde, la luz del sol se refleja en los ventanales y el flujo de gente se vuelve más pausado. Los estudiantes ya han terminado sus clases y los turistas se acercan para una última taza antes de seguir explorando la ciudad. En ese momento, el sonido del espresso se vuelve un susurro y el aroma se vuelve más profundo, como un recordatorio de que el café es más que una bebida: es un punto de encuentro. Salir de Starbucks Paseo Montejo a las ocho de la noche deja una sensación de haber encontrado un respiro en medio del bullicio urbano, un lugar donde cada taza cuenta una historia y cada cliente escribe la suya propia.

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