A las siete de la mañana, la calle 23 A ya vibra con el sonido de los pasos de los vecinos que se dirigen al mercado. Yo llego a Antica Roma justo antes de que la puerta se abra y el olor a pan recién horneado y hierbas frescas se cuela por la ventana. Dentro, la luz se filtra y el mostrador muestra una fila de mesas vacías esperando ser ocupadas. El camarero, Mario, me recibe con una sonrisa y una taza de café, mientras la campana marca la llegada de los primeros comensales.
El menú, accesible en la web del restaurante, ofrece platos que van desde un clásico fettuccine al pesto hasta una lasaña de carne que ha recibido elogios por su equilibrio entre la salsa y la pasta al dente. Los precios oscilan entre 100 y 200 pesos, lo que lo sitúa en la categoría de rango medio para la ciudad. Los clientes habituales hablan de la "salsa de tomate que recuerda a la de la abuela" y de la "cocina que se siente como en casa". Un visitante comenta que el ambiente lo convierte en el lugar ideal para una cena tranquila después del trabajo. Otro reseñista destaca la atención del personal, diciendo que "Mario siempre recuerda mi pedido de risotto de setas". Un tercer comentario menciona que el buffet los fines de semana ofrece una variedad de antipastos que hacen que la visita valga la pena.
Al mediodía, la terraza se llena de familias y grupos de amigos que comparten platos de pasta y una botella de sangría. La charla se mezcla con el ruido del comedor. En una esquina, una pareja celebra su aniversario y el camarero les trae un postre de tiramisú. La experiencia se completa con una copa de vino tinto de la casa.
Al caer la tarde, el restaurante se vuelve más íntimo. El ambiente se vuelve más íntimo al caer la tarde. Los clientes habituales llegan a la barra para pedir una copa de vino y conversar sobre el día. El personal, siempre atento, sugiere el plato del día: una pizza de masa fina con mozzarella fresca y albahaca, servida a 150 pesos. El plato es sabroso y cada bocado se disfruta.
Al cerrar a las once, la calle se vuelve silenciosa y queda como recuerdo. Salgo con la impresión de haber encontrado un rincón auténtico en Mérida. Antica Roma no es solo un restaurante; es un punto de encuentro que invita a volver una y otra vez.






