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A man dines solo at an outdoor Korean restaurant at night in Santiago de Querétaro, Mexico.Destacado

Una noche de ramen y mandu en NyamNyam, Mérida

Descubro el bullicio y los aromas de NyamNyam, el rincón coreano que conquista a locales y viajeros con su ramen humeante y su mandu crujiente.

A las siete de la tarde, el sonido de los platos chocando contra la madera y el murmullo de conversaciones en español e inglés llenan el pequeño local de NyamNyam. El aroma a caldo de hueso y a kimchi fermentado se cuela por la puerta de la calle 41, atrapando a los transeúntes que pasan por la esquina de la Avenida Montejo. En la barra, un grupo de estudiantes de la Universidad de Yucatán revisa sus notas mientras espera su orden, y una pareja de turistas japoneses ríe al ver la lista de canciones de K‑pop que suena de fondo.

NyamNyam abrió sus puertas un lunes a la una de la tarde y nunca ha cerrado, según su horario. El espacio parece una pequeña embajada de Corea del Sur en el corazón de Francisco de Montejo III. El plato estrella, el ramen de cerdo, llega en un tazón de cerámica negra. El caldo, profundo y ligeramente dulce, lleva trozos de carne tierna que se deshacen al pincharlos con el tenedor. Los fideos, firmes pero suaves, se enroscan alrededor del huevo medio cocido que flota en la superficie, mientras una hoja de nori crujiente y unas rodajas de cebolla verde añaden contraste. El ramen recuerda a la casa de la abuela, con un caldo reconfortante y lleno de sabor.

Otro favorito es el mandu, empanadillas al vapor rellenas de carne de res y verduras. Al romper la masa, el vapor libera un perfume a ajo y jengibre que inunda la mesa. El interior es jugoso, la masa ligera, y se sirve con una salsa de soja ligeramente picante. "Los mandu son perfectos para compartir, cada bocado es una explosión de textura", comentó una visitante en una reseña reciente. Los precios oscilan dentro del rango de $1 a $100, lo que permite probar varios platos sin gastar una fortuna.

Los visitantes vuelven por la música. Cada noche, el local enciende pequeños cymbals y una playlist de K‑pop que vibra entre los comensales. Un crítico local anotó: "El ambiente combina la energía de una cantina mexicana con la calidez coreana, creando una experiencia única". La atención es rápida; el personal, formado por jóvenes chefs coreanos, explica cada ingrediente con paciencia y orgullo. El servicio, según otro reseñante, "es amable y siempre dispuesto a recomendar algo nuevo".

Al cerrar la noche, alrededor de las diez, el local se vuelve más íntimo. Las luces se atenúan y el sonido del ramen hirviendo se vuelve un susurro. Me quedo con la imagen de una taza de té verde al lado del tazón vacío, recordando la primera cucharada de caldo que me hizo sentir como si estuviera en una calle de Busan. NyamNyam no es solo un restaurante; es un punto de encuentro donde la cultura coreana se mezcla con la energía merideña, y donde cada plato cuenta una historia que invita a volver.

Si alguna vez te cruzas con el letrero rojo de NyamNyam, entra sin dudar. La fila puede ser larga, pero la espera vale cada sorbo de caldo y cada mordida de mandu. La noche merideña se vuelve más cálida cuando el ramen humea en la mesa y la música coreana llena el aire.

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