A las 9:30 am, el sol apenas asoma sobre la calle 70 y el aroma a café recién hecho se cuela por la puerta de Maíz, Canela y Cilantro. Los clientes llegan con paso lento, algunos con laptops, otros con niños en pañales, y todos comparten la misma expectativa: una mesa libre, una sonrisa del personal y el primer bocado de algo que promete ser memorable. El murmullo de conversaciones se mezcla con el aroma de la cocina, creando una atmósfera que se siente tanto hogareña como vibrante.
El plato que define el brunch aquí es el huevo motuleño, una combinación de tortilla de maíz, frijoles refritos, huevo estrellado, salsa de tomate ligeramente picante y un toque de queso fresco que se derrite al contacto. Cada cucharada entrega una mezcla de texturas: la suavidad del huevo, la firmeza de la tortilla y el crujido del chicharrón que se esparce por encima. El precio se mantiene dentro del rango del restaurante, $1–100, lo que lo hace accesible para cualquier presupuesto. Otro favorito es el chilaquiles verde con crema de aguacate, servido con una porción generosa de frijoles negros y una rodaja de aguacate que aporta frescura al plato.
Los visitantes habituales hablan de la atención personalizada del personal. Los clientes aprecian que el personal recuerde su orden de huevos motuleños sin necesidad de recordarla. Muchos describen el ambiente como relajado, mientras que la comida mantiene la intensidad de un mercado tradicional. La opción vegetariana, como los tacos de nopales con mole, sorprende por su sabor y presentación. Estas voces reflejan la mezcla de tradición y modernidad que el local ha sabido cultivar desde su apertura, manteniendo los horarios de brunch de viernes a domingo, de 9 am a 3:30 pm, y cerrando los demás días para enfocarse en la calidad.
Detrás del mostrador, la dueña, una mujer de origen yucateco, comparte que el nombre del restaurante rinde homenaje a los ingredientes básicos de la cocina regional: maíz, canela y cilantro. Cada uno de ellos aparece en el menú de forma creativa, desde el pan de maíz casero hasta el aderezo de cilantro que acompaña las ensaladas. La historia personal se percibe en cada detalle, reflejando la herencia yucateca que se siente en el ambiente del restaurante.
Al final del brunch, cuando el último cliente se despide y el reloj marca las 2 pm, el local se queda en silencio, pero el recuerdo del sabor persiste. La combinación de platos bien ejecutados, precios justos y un servicio que se siente como una charla entre amigos convierte a Maíz, Canela y Cilantro en una parada obligatoria para quien busca un brunch auténtico en Mérida. La próxima vez que cruces la calle 70, deja que el aroma del café te guíe y prepárate para una experiencia que celebra la comida y la comunidad en igual medida.






