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Los Mariscos de Chichí: sabor del mar en el corazón de Chichí Suárez

Una tarde en la calle 35 A, el aroma a marisco recién cocido te guía a Los Mariscos de Chichí, donde el ceviche y los camarones al ajillo convierten la comida en fiesta.

A las siete de la tarde, la calle 35 A vibra con el ruido de los vendedores ambulantes y el crujido de los pasos sobre el empedrado. En la esquina, el letrero rojo y blanco de Los Mariscos de Chichí destella bajo el sol, y el perfume a marisco a la parrilla se cuela entre los puestos. Dentro, la barra de madera está cubierta de camarones chisporroteando y el sonido de los cubiertos chocando contra los platos crea una sinfonía informal que invita a quedarse.

El local nació hace una década, fundado por una familia que había aprendido los secretos del mar en pescadores de la costa. La fachada, con sus azulejos de colores pastel, recuerda a los mercados de pescadores de la península. La ubicación, en el barrio de Chichí Suárez, lo coloca cerca de la Plaza Grande, lo que lo convierte en una parada obligatoria tanto para los que vienen del centro como para los vecinos que buscan una cena después del trabajo. El horario de apertura, de mediodía a ocho de la noche, permite que el lugar se convierta en punto de encuentro durante el almuerzo y la cena.

El plato que más destaca es el ceviche de camarón, servido en una taza de coco fresca. Cada camarón llega jugoso, marinado en jugo de lima, con toques de chile verde y cilantro picado. La acidez corta la grasa del camarón, mientras el dulzor del coco equilibra el picante. La presentación es simple pero llamativa: la taza de coco se abre como una pequeña cáscara, revelando un mar de colores verdes y rosados que brillan bajo la luz tenue del interior. Al probarlo, la textura crujiente del camarón se combina con la suavidad del jugo, creando una experiencia que recuerda a la brisa del mar.

Los clientes habituales llegan por la constancia del sabor y la atención del personal. Un cliente comenta que el camarero siempre recuerda su orden de panuchos con salsa de tomate y le ofrece una michelada recién preparada. Otro visitante menciona que el ambiente nocturno, con luces bajas y música de cumbia suave, lo hace ideal para una cena relajada después de una jornada larga. La mezcla de mesas al aire libre y el interior con paredes de ladrillo expuesto crea un espacio que se siente tanto urbano como familiar.

Al cerrar la noche, el aroma a carbón todavía flota en el aire y el sonido de los platos vacíos se mezcla con risas apagadas. La gente sale con las manos llenas de salsa y el corazón satisfecho. Volver a Los Mariscos de Chichí después de esa primera visita es como regresar a una conversación que nunca termina, siempre con una nueva historia de sabor que contar.

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