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Black and white street photography of nighttime scene by Mérida Cathedral in Yucatán, Mexico.Destacado

Un rincón dulce en Mérida: Antica Roma

Descubro el encanto de Antica Roma, donde el tiramisú se vuelve protagonista entre aromas italianos y la vibra de La Florida.

A las siete de la tarde, el sonido de las tazas chocando contra la madera se cuela por la puerta de Antica Roma. Un grupo de amigos se reúne en una mesa junto a la ventana, la luz del atardecer se filtra y el aroma a café recién hecho se mezcla con la dulzura del azúcar caramelizado. El murmullo de la conversación se vuelve un telón de fondo mientras el camarero coloca un plato de tiramisú en el centro, una nube de cacao en polvo coronando capas de mascarpone y bizcocho empapado en espresso.

Ese tiramisú, que cuesta 120 $, es el punto de referencia para los que cruzan la calle 23 A. La primera cucharada revela una textura cremosa que se deshace en la boca, el toque amargo del café contrarresta la suavidad del queso, y el crujido sutil del cacao espolvoreado aporta contraste. Los comensales comentan que vuelve a los clásicos de la cocina italiana, pero con una ligereza que invita a seguir probando más. Un cliente escribe: "El tiramisú de Antica Roma es como un abrazo después de un día caluroso; la dulzura está medida y el café me despierta los sentidos".

El ambiente interior combina mesas de madera oscura con lámparas colgantes que proyectan sombras cálidas. En la barra, el chef Mario prepara la salsa de fettuccine mientras los clientes esperan sus postres. Un visitante relata: "Me senté en la barra y escuché cómo Mario habla de sus viajes a Roma; su pasión se siente en cada plato, incluso en el postre". La atención al detalle se percibe en la manera en que el personal sirve la cuenta: una hoja de papel con el logo en relieve y una pequeña caja de bombones como detalle final.

Más allá del tiramisú, el menú incluye una panna cotta de maracuyá por 95 $, pero es el tiramisú el que vuelve a los locales una y otra vez. Las reseñas resaltan la combinación de sabores accesibles y la atmósfera romántica que se mantiene incluso cuando la ciudad se vuelve más bulliciosa. Un crítico local escribe: "Antica Roma no es solo una cena; es una experiencia que se extiende al postre, donde cada bocado cuenta una historia".

Al cerrar la noche, el grupo se despide mientras la música suave de un piano se escapa por la puerta. La luz de la calle ya es tenue, pero dentro de Antica Roma el recuerdo del tiramisú sigue cálido, como una promesa de volver. La escena inicial se completa: el aroma sigue flotando, los recuerdos de la textura cremosa persisten, y la calle 23 A sigue siendo el punto de encuentro para los que buscan un final dulce en Mérida.

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