A las siete de la tarde, la calle Olas Altas se llena de aromas a leña y a tomate. Los clientes se acomodan en las mesas de la acera, el sonido de la música de reggaetón se mezcla con el chisporroteo del horno. En el mostrador, el pizzero desliza la masa con destreza, y el vapor caliente crea una nube que envuelve el lugar.
RRinos Pizza a la Leña & Bar abrió sus puertas hace ocho años, impulsado por la pasión de sus fundadores por la pizza al estilo napolitano, pero con un toque mexicano. La firma de la casa es la Pizza de chorizo y piña, una combinación que sorprende: la dulzura de la piña contrasta con el picante del chorizo, todo sobre una base de masa fina y crujiente, horneada a 400 °C. El precio ronda los 130 pesos, una buena relación calidad‑precio para la zona.
Los habituales hablan de la Margherita clásica, con mozzarella fresca que se derrite en el centro y albahaca aromática que perfuma cada bocado. Un cliente comenta que la masa tiene “esa textura ligera que se deshace en la boca”. Otro visitante menciona que la Pizza de camarón al ajillo, a 150 pesos, lleva camarones jugosos, ajo asado y un chorrito de aceite de oliva que realza el sabor del mar. El ambiente es íntimo, ideal para compartir una cerveza artesanal mientras se espera la siguiente ronda.
A la hora de la cena, el local se llena de grupos de amigos y parejas que buscan una experiencia sin pretensiones. El servicio es rápido: el pizzero saca la pizza del horno y la coloca directamente en la mesa, acompañada de una salsa de chile de árbol para los que gustan del picante. La música baja y el murmullo de conversaciones se vuelve el telón de fondo de una noche que parece detenerse.
Al cerrar, el aroma de la leña persiste en el aire y los últimos comensales se despiden con la promesa de volver. La combinación de una masa trabajada a mano, ingredientes locales y un horno que le da ese sabor ahumado hace que RRinos sea más que una pizzería; es un punto de referencia para quien quiere probar la pizza con carácter mazatleco.
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