Cuando el reloj marca las diez y la luz de la calle se vuelve tenue, Loreto cambia de ritmo. Las farolas de la Avenida Zaragoza proyectan sombras largas sobre el malecón, el sonido de las olas golpea suavemente el muelle y el eco de conversaciones en los bares cercanos se mezcla con el crujido de los pasos de los pocos transeúntes que aún deambulan. Las puertas de los restaurantes principales están cerradas, pero algunos locales siguen con la barra encendida, ofreciendo una última ronda de sabores bajo el cielo estrellado.
Buena Vida se mantiene abierta hasta las siete y media de la tarde, lo que en temporada de otoño significa que sigue sirviendo después de que el sol se haya puesto. Situado en la calle Jorge Luis Borges, su fachada de madera y luces cálidas invita a los noctámbulos que buscan algo rápido antes de la madrugada. El ambiente es relajado, con mesas al aire libre donde grupos de amigos comparten una tabla de ceviche de camarón y una porción de aguachile de pulpo mientras el viento marino refresca la conversación. Los clientes destacan la frescura del pescado y el toque picante de los molcajetes, y el bar siempre tiene una cerveza fría a mano.

A un paso del centro, D’ CORDERO cierra sus puertas a las cinco de la tarde, pero sigue siendo una parada obligada para quienes llegan antes del anochecer. El local, ubicado en la calle Benito Juárez, sirve tacos de pescado crujiente y gorditas rellenas de salsa verde que dejan a los comensales con ganas de más. El interior es sencillo, con una cocina a la vista donde el chef prepara los platos al momento. Aunque no está abierto cuando la luna está alta, su rapidez y calidad lo convierten en la opción perfecta para una cena temprana antes de buscar algo más tarde.
Vista Al Mar, con su dirección en la zona costera, ofrece una vista panorámica del océano que se vuelve aún más impresionante al atardecer. El restaurante cierra a las cinco y media, pero su menú de almejas a la parrilla, camarones al ajillo y un filete de pescado entero frito atrae a los visitantes que llegan antes de la hora de cierre. La terraza brinda un espacio donde el sonido del mar acompaña cada bocado, y los clientes suelen comentar que el flan de postre es el broche final ideal para la jornada.
En Loreto no existe un refugio que abra sus puertas a las tres de la mañana; la ciudad simplemente se apaga. La mejor estrategia es planear con anticipación y llegar a Buena Vida antes de que cierre, o bien llevar un snack de la tienda de conveniencia que funciona 24 horas. Así, la noche se vuelve menos hambrienta y el recuerdo de los sabores del mar sigue presente hasta el amanecer.


