A las ocho de la mañana, el bullicio de la calle Río de la Loza se vuelve más suave cuando paso frente a La Pitahaya Vegana. El olor a fruta recién licuada se mezcla con el perfume del café de los puestos cercanos, y una fila de clientes, desde estudiantes con mochilas hasta profesionales en traje, se extiende bajo la marquesina azul. Dentro, la luz natural entra por grandes ventanales y refleja los colores vivos de los vasos de pitahaya.
El local nació en 2019 cuando Ana Martínez, una chef vegana de la colonia Roma, decidió convertir su pasión por los batidos de frutas exóticas en un espacio de encuentro. Con una pared decorada y una barra, el lugar invita a quedarse. La historia de Ana se cuenta en cada detalle: el nombre hace referencia a la pitahaya, fruta que ella descubrió en un mercado de Oaxaca y que ahora es la estrella del menú.
El menú es breve pero cuidadoso. Los jugos se preparan al instante, combinando pitahaya, mango, maracuyá y un toque de jengibre. El “Smoothie Pitahaya” se sirve en un vaso alto, con una pulpa que deja una ligera sensación en los labios y un sabor que equilibra dulzura y acidez. El precio está dentro del rango de 1 a 100 pesos, lo que lo hace accesible para una visita diaria. Además, ofrecen tostadas de aguacate con semillas de chía y una ensalada de quinoa que complementan la frescura de los batidos.
Los clientes hablan con entusiasmo. “El jugo de pitahaya me recuerda a la infancia en el mercado de Coyoacán,” dice un cliente. Los clientes comentan que el ambiente es fresco y que la tostada de aguacate es crujiente y generosa, y que vuelven por la comunidad que se siente entre mesas y plantas.
Al cerrar la puerta al atardecer, la escena vuelve a la que la inició: clientes satisfechos y vasos vacíos. Salgo con la sensación de haber encontrado un punto de equilibrio entre sabor, precio y ambiente. La próxima vez que el sol se levante sobre la ciudad, sabré que La Pitahaya Vegana será mi parada obligada para cargar energía y compartir una sonrisa con los que están allí.






