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Una noche de masa y fuego en Ardente Pizzería Napoletana

Entre el aroma a leña y la brisa de Jardines del Pedregal, Ardente entrega pizza napolitana que deja huella en cada bocado.

A las ocho de la noche la terraza de Ardente ya vibra con el sonido de vasos y el crujir de la masa. El sol se retira detrás de los árboles y el aire se llena del perfume a levadura y tomate asado. En una mesa cercana, un grupo de amigos comparte risas mientras esperan la primera pizza del día.

Yo llegué justo antes de la hora de la cena, con el apetito de quien ha recorrido la ciudad en busca de algo auténtico. El mostrador de madera muestra una lista de pizzas: Margherita, artichoke, meatball y la especial de la casa, la pizza de carpaccio. Decido probar la Margherita, la clásica que el chef prepara con mozzarella di bufala, albahaca fresca y una salsa de tomate. La masa, ligera y esponjosa, se levanta en el borde, y al morderla el queso se funde en una crema que cubre el paladar. Cada ingrediente habla por sí mismo, sin artificios.

Los clientes habituales vienen por la constancia. Un cliente menciona que el tiramisú le recuerda a los cafés de Roma, mientras otro asegura que la lasaña de la carta acompaña bien a la cerveza artesanal de la barra. La terraza se percibe como un refugio para charlar después del trabajo, con un ambiente relajado que invita a quedarse hasta la medianoche. El personal, siempre atento, sirve la pizza en platos y ofrece recomendaciones sobre los vinos italianos que maridan con la carne de la pizza de meatball.

Ardente abrió sus puertas en 2018, impulsado por la pasión de un grupo de italianos residentes que querían recrear la verdadera pizza napolitana en la Ciudad de México. El horno de leña, importado de Nápoles, permite que cada pizza se cocine en menos de dos minutos. Esa rapidez no sacrifica la calidad; la corteza queda crujiente por fuera y suave por dentro, y el sabor se percibe en cada bocado.

Al cerrar, la terraza se vuelve más silenciosa, pero el ambiente persiste. El último cliente se despide con una porción de gnocchi al pesto, y yo me quedo pensando en cómo un simple plato puede conectar a la gente. La noche en Ardente termina con la promesa de volver, quizás para probar la pizza de artichoke o para compartir una ronda de red wine con amigos nuevos.

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