A las ocho de la noche, el bullicio del Zócalo se desvanece y el sonido de las conversaciones se concentra en la puerta de Dassani Restaurante. El perfume del romero recién picado se mezcla con el leve perfume del pan horneado, y la luz amarilla de las lámparas de la calle dibuja sombras sobre la acera donde algunos comensales se acomodan en sillas de metal. El camarero, con una sonrisa rápida, abre la barra y nos invita a entrar.
Dentro, las mesas de madera pulida y las paredes adornadas con cuadros de paisajes italianos crean un ambiente que recuerda a una trattoria familiar. La carta destaca platos de pasta fresca, y el más recomendado es el fettuccini al romero, servido entre MXN 130 y MXN 150. La primera cucharada revela una textura sedosa; el romero aporta una frescura herbácea que corta la riqueza de la salsa de mantequilla. Un cliente escribe, "El fettuccini al romero es una revelación, cada bocado está lleno de sabor profundo." Otro comenta, "La ensalada caprese con su mozzarella fresca y tomate dulce es perfecta para empezar." La tercera voz, más reciente, dice, "Los espárragos al grill con romero me recuerdan a una primavera en la Toscana."
El ragú de conejo, otro plato estrella, llega a la mesa con una salsa espesa que lleva horas de cocción. La carne se deshace al tocar el tenedor, y el toque de vino tinto le da profundidad. A mitad de la cena, el restaurante se llena de risas y el sonido de copas chocando contra platos de cerámica. Los clientes habituales llegan antes de la hora de cierre, alrededor de las nueve, y se quedan charlando hasta el último minuto de servicio. El personal brinda una atención cuidadosa, la entrega es rápida y los ingredientes locales se integran con alta calidad en la cocina italiana.
Al cerrar, el aroma del romero persiste en el aire y la fachada de Dassani vuelve a ser el punto de referencia para los que buscan una experiencia auténtica. Salgo del local con el sabor del fettuccini todavía en la boca y la sensación de haber descubierto un rincón italiano sin salir de Oaxaca. La noche continúa, pero el recuerdo de la mesa, la luz cálida y el sonido de la cocina siguen presentes, recordándome que la buena comida es también historia viva.






