A las siete de la tarde, la calle que lleva a Camino Antiguo en San Bartolo Coyotepec se llena del perfume de la masa levada y el toque salado del mar. Los clientes se acomodan en mesas de madera bajo la sombra de los árboles, mientras el horno de leña chisporrotea y una música suave suena de fondo. El sonido de los platillos golpeando la barra acompaña la conversación de un grupo de jóvenes que discuten el mejor acompañamiento para la pizza de camarones.
En el interior, las paredes están decoradas con imágenes locales, y el espacio se siente amplio y accesible. La pizza de camarones, la estrella del menú, llega con una base crujiente que se rompe al primer mordisco, una salsa de tomate ligeramente dulce y trozos de camarón que conservan su frescura. Cada bocado combina la suavidad del queso fundido con el picor sutil de la pimienta, mientras el aroma a ajo y hierbas se extiende por toda la sala. El precio se mantiene dentro del rango de MX$1–100, lo que permite a cualquier comensal probar una porción sin preocuparse por el gasto.
Los visitantes habituales hablan de la atmósfera relajada y del servicio rápido. Un cliente comentó que el ambiente le recuerda a una reunión familiar, mientras que otro resaltó que el personal siempre está atento y con una sonrisa. Los comensales disfrutan la combinación de la pizza con una cerveza artesanal local, y la música ambienta la experiencia, añadiendo un toque que va más allá de la comida. La ubicación, justo en la carretera Antigua Xoxo, hace que sea un punto de paso ideal para quienes llegan en coche o en bicicleta.
Al cerrar la noche, el horno sigue ardiendo y el aroma se vuelve más intenso. Los últimos comensales, algunos con la ropa aún impregnada de polvo del día, se despiden mientras el dueño de Pizza Mía, un hombre de mediana edad, les agradece con una sonrisa. La calle se vuelve más silenciosa, pero el recuerdo del sabor a camarón y masa crujiente permanece, como una promesa de volver mañana.
Pizza Mía no es solo una pizzería; es un lugar donde la comida, la música y la comunidad se encuentran. Cada visita se siente como una pequeña celebración, y el simple acto de compartir una rebanada se convierte en una conversación que dura hasta el amanecer. La próxima vez que pases por Camino Antiguo, detente, siente el calor del horno y déjate envolver por el sabor que ha conquistado a tantos oaxaqueños.






