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Mudu: el refugio del café de especialidad en Oaxaca

Una mañana en la calle de Mariano Abasolo, el aroma a espresso recién molido te guía al pequeño pero vibrante Mudu, donde cada taza cuenta una historia.

A las 8 am, la calle Mariano Abasolo ya vibra con el ruido de bicicletas y vendedores de tamales. El aire lleva el perfume agridulce del café tostado y el crujido de la puerta de madera al abrirse. Dentro, una fila de tazas de cerámica blanca espera en el mostrador mientras el barista, con una sonrisa que parece tan suave como la espuma del latte, prepara la primera ronda del día.

Mudu se asienta en el corazón del Centro, en la esquina 315, y su fachada de ladrillos rojos invita a entrar. El interior combina mesas de madera reciclada con luces colgantes que crean sombras cálidas. Cada detalle, desde la máquina de espresso Brikka hasta los granos de origen Oaxaca que reposan en sacos de yute, habla de una dedicación al café que trasciende lo cotidiano. Los clientes habituales se sientan en los sillones de cuero desgastado, charlando sobre proyectos de arte o revisando sus laptops mientras el sonido de la molienda llena el espacio.

El flat white de Mudu se ha convertido en su carta de presentación. Con 150 ml de leche microespumada y un espresso doble de 30 ml, la bebida se sirve en una taza de cerámica que mantiene el calor justo el tiempo necesario para saborear la primera cucharada. El precio ronda los $45 MXN, una inversión que los amantes del café justifican con la textura aterciopelada y el sabor a cacao sutil que deja el grano de la región de Sierra Norte. El cortado, más corto y fuerte, cuesta $40 MXN y se sirve con una pizca de canela que se disuelve al primer sorbo.

“El mejor flat white que he probado en Oaxaca, la leche está perfecta y el espresso tiene cuerpo,” escribe Ana en una reseña de 2023. Otro cliente, Luis, comenta: “Los baristas son auténticos artistas, me explicaron la procedencia del grano y me recomendaron probar el de Chiapas, quedó espectacular.” María, que visita Mudu cada mañana, asegura: “El ambiente es como una segunda casa; el aroma del café y la música suave me ponen de buen humor para el día.” Estas voces reflejan la constancia de la experiencia: un café sabroso, un servicio atento y una atmósfera que invita a quedarse.

Al volver a la calle, el sol de la tarde ya calienta los adoquines y el sonido de los vasos tintineando se mezcla con la conversación de los clientes que se despiden con una última taza. Mudu sigue allí, con su barra siempre lista para el próximo pedido, recordando que el mejor café no solo se bebe, se vive. Cada visita revela un nuevo matiz, ya sea el toque de cacao en el flat white o la charla inesperada con el barista sobre la cosecha de este año. Salir de Mudu con una taza en la mano es salir con la certeza de que Oaxaca guarda un rincón donde el café se celebra como arte cotidiano.

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