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Mudu: café de especialidad en el centro de Oaxaca

Una mañana de domingo, el aroma a café recién molido envuelve la calle Mariano Abasolo y los clientes de Mudu se acomodan entre tazas humeantes y conversaciones tranquilas.

A las siete de la mañana, el sol apenas se asoma sobre el Zócalo y el bullicio de la ciudad todavía es tenue. En la esquina de C. de Mariano Abasolo 315, la puerta de Mudu se abre y el aroma a café se cuela en la calle. Los primeros clientes se acomodan en mesas de madera clara mientras el barista prepara la primera ronda de espresso. El sonido de la máquina de vapor se mezcla con el bullicio de la calle, y el olor a café domina la mañana.

Mudu llegó a Oaxaca en 2018, fundado por dos amantes del café que habían recorrido rutas de cultivo en Chiapas y Veracruz. Desde el primer día, la misión ha sido ofrecer una experiencia de café de origen, con granos seleccionados de fincas orgánicas y métodos de extracción que resaltan sus notas únicas. El menú, aunque sencillo, destaca el flat white, el cortado y el cold brew, cada uno servido en tazas de cerámica. Los clientes hablan de la precisión del barista, que mide la temperatura del agua y el tiempo de extracción con la misma atención que un chef mide los ingredientes.

El flat white de Mudu se ha convertido en su carta de presentación. Un espresso doble se cubre con leche microespumada y se decora con un corazón de latte art. El precio, $85 MXN, lo coloca en la gama media, pero la calidad justifica cada peso. Al probarlo, el primer sorbo revela una acidez brillante que recuerda a cítricos, seguida por un cuerpo suave con notas de chocolate amargo y un retrogusto ligeramente ahumado, como si el grano hubiera sido tostado a la perfección. Otro favorito es el cortado, servido en una taza pequeña por $65, donde la mezcla de espresso y una gota de leche crea un equilibrio que los habituales describen como “intenso pero amable”.

La reputación del lugar se refleja en la experiencia de los clientes. “El mejor espresso que he probado en Oaxaca, la crema es tan densa que casi puedes verla”, comenta Ana. El ambiente es relajado, la música de fondo y el aroma a café hacen que quieras quedarte horas. El flat white tiene una crema sedosa que se derrite en la boca, y el barista siempre sugiere una nueva variedad de grano. Estas voces pintan un retrato de un lugar donde el café no es solo una bebida, sino una conversación entre el productor, el barista y el cliente.

Al caer la tarde, la luz atraviesa las ventanas y los clientes se despiden con una última taza. El aroma persiste en el ambiente. Salir de Mudu a las ocho de la noche deja una sensación de haber participado en un ritual cotidiano, pero con la certeza de haber descubierto un rincón que celebra el café con pasión y detalle. Cada visita revela una capa nueva, y el sonido de la máquina de vapor sigue resonando como un recordatorio de que la mejor parte del día comienza con un buen café.

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