A las siete de la mañana, la calle Plan de Ayala ya vibra con el aroma a café recién molido que escapa de la puerta de Gabydely. Los vecinos del barrio Ferrocarril se acercan con paso lento, algunos con sus bicicletas, otros con la mochila al hombro, y se acomodan en la terraza de madera donde el sol se cuela entre las plantas colgantes. El sonido de la máquina de espresso se mezcla con el murmullo de conversaciones en español y zapoteco, creando una atmósfera que invita a quedarse.
El menú, sencillo pero cuidadoso, gira en torno a una especialidad que ha ganado reputación: el cheesecake de limón. Servido en una base de galleta crujiente, el pastel tiene una capa de crema de limón brillante que contrasta con la suavidad del queso. Cada bocado combina la acidez del cítrico con la dulzura aterciopelada, y el precio, MX$85, lo sitúa dentro del rango accesible que Gabydely mantiene (MX$1–100). Los clientes habituales llegan por esa combinación exacta; "El cheesecake de limón es una delicia que me recuerda a la infancia", comenta Ana en una reseña reciente.
Las reseñas resaltan también la atención al detalle en la presentación. "La forma en que el pastel llega a la mesa, con una ramita de menta y polvo de azúcar, muestra la dedicación del personal", escribe Carlos, quien visita el local cada viernes después del trabajo. Además del postre, el café de origen local, preparado en método de filtrado, recibe elogios constantes: "El café tiene cuerpo y notas de cacao que complementan perfectamente el postre", menciona Lucía, una estudiante de la Universidad de Oaxaca. La variedad de opciones, desde espresso hasta cold brew, permite que cada visitante encuentre su acompañamiento ideal.
Gabydely abrió sus puertas en 2022, y aunque sus horarios son limitados —cerrado los lunes y abierto de 3 a 9:30 PM de martes a sábado, y hasta 9 PM los domingos— la comunidad ha aprendido a planear sus visitas. La terraza, decorada con luces tenues y macetas de suculentas, se convierte en un punto de encuentro al atardecer. Los niños juegan cerca mientras los adultos comparten historias sobre la ciudad. La higiene y el tamaño de las porciones también aparecen en los comentarios: "Las porciones son generosas y el lugar siempre está impecable", asegura Marta, quien ha dejado cinco reseñas positivas.
Al cerrar la noche, el sonido de la última taza se apaga y la calle se vuelve más tranquila. El recuerdo del cheesecake de limón persiste, y la promesa de volver a saborear ese equilibrio entre acidez y dulzura queda grabada en la mente de los que cruzan la puerta. Gabydely no es solo una cafetería; es un espacio donde el café y el postre cuentan historias, donde cada visitante se lleva un pedazo de Oaxaca en el paladar.






