A las ocho de la mañana, el sol se cuela por las rejas de la fachada de Vicente Guerrero 319 y el bullicio del mercado cercano se funde con el perfume del café recién molido que sale de la máquina del Café Bistrot Epicuro. Un par de estudiantes de la Universidad de Oaxaca revisan sus notas mientras una pareja mayor comparte una mesa junto a la ventana, observando cómo el tráfico de la calle se vuelve más lento. El sonido de la cucharita contra la taza y el crujido del pan tostado crean una banda sonora cotidiana que invita a quedarse.
El interior evoca la atmósfera de una trattoria familiar. Las mesas disponen de una iluminación adecuada y se ofrece una selección de pastas frescas y vinos italianos. El menú, accesible desde https://www.epicuro.info/menus, destaca platos que combinan la tradición italiana con ingredientes oaxaqueños. El precio está en la categoría $$, lo que lo coloca como una opción de medio rango para locales y visitantes.
La lasaña de berenjena es el plato estrella, con capas de berenjena asada, salsa de tomate con albahaca, queso mozzarella fundido y pesto de pistacho. Cada bocado combina la suavidad cremosa del queso con el dulzor ahumado de la berenjena, mientras el pesto aporta un toque herbáceo y ligeramente picante. El plato se sirve por $210 MXN, una cifra que los comensales consideran justa por la calidad de los ingredientes. Un cliente comentó: "La lasaña de berenjena es una obra de arte, cada capa tiene su propio sabor y la textura es perfecta".
Además de la lasaña, el chuletón a la parrilla recibe elogios constantes. Se sirve con una guarnición de papas y salsa de chimichurri que realza el sabor del chuletón. Un visitante escribió: "El chuletón está jugoso, el punto de cocción es exacto y el chimichurri le da un toque inesperado que me recuerda a la cocina de mi abuela". Otro reseña menciona: "El ambiente es cálido y el personal siempre está atento, hacen que cada visita se sienta como una reunión familiar". Estas opiniones reflejan una atmósfera de hospitalidad que va más allá de la comida.
Al cerrar la jornada, cuando el reloj marca las diez de la noche y las luces del centro se vuelven doradas, Epicuro sigue vibrando. Los últimos clientes terminan su postre de tiramisú, cubierto de cacao amargo, mientras la música suave de un acordeón se cuela por el salón. Salir del café con el sabor del pesto aún en la boca y la sensación de haber compartido un momento auténtico con la gente de Oaxaca deja una impresión duradera. Cada visita a Epicuro se siente como una pequeña celebración de la vida cotidiana, donde la comida, el aroma y la conversación se entrelazan en una experiencia que invita a volver.






