Volver a Bares en Oaxaca
Fachada de La Mezcalería en Miguel Hidalgo 1119, con su letrero de neón y la calle iluminada al atardecerDestacado

La Mezcalería: un rincón de agave y conversación en Oaxaca

En la calle Miguel Hidalgo, La Mezcalería transforma la tarde en una clase de sabores y charla entre amigos.

A las siete de la tarde, el sonido de copas chocando y la risa de un grupo de locales llenan el aire de La Mezcalería. El aroma de madera quemada y agave recién destilado se cuela entre las mesas de madera rústica, mientras el sol se cuela por la ventana del frente en Miguel Hidalgo 1119. Un camarero sirve una copa de mezcal reposado y ya se escucha la primera pregunta: ¿qué botella probar ahora?

Barra interior de La Mezcalería mostrando la fila de botellas de mezcal y el camarero sirviendo un vuelo

El bar nació en 2015, fundado por un apasionado catador que quería compartir su conocimiento sobre el agave. Cada noche, la carta ofrece más de veinte botellas, pero el verdadero imán es la degustación guiada de cinco vuelos. Un cliente escribe: “El vuelo de mezcal me abrió los ojos, cada sorbo cuenta una historia del campo”. Otro comenta: “El personal explica cada nota, desde la tierra hasta la fruta, y eso hace la experiencia única”. Un tercer visitante asegura: “Volví por la conversación, pero me quedé por la calidad del mezcal”. Estas voces reflejan la atmósfera de aprendizaje y camaradería que define al lugar.

Primer plano del mezcal de pechuga en jarra de barro, con naranja y sal de gusano al lado

El plato estrella no es comida, sino el mezcal de pechuga, servido en una jarra de barro con una rodaja de naranja y sal de gusano. El primer sorbo es dulce, con notas de miel y un toque ahumado que se mezcla con la frescura cítrica. La textura es suave, casi sedosa, y el final deja una ligera picazón que invita a otra ronda. A un precio de MX$120 la jarra, la gente vuelve por esa combinación de sabor y ritual. La barra, con sus botellas alineadas como en una vitrina, invita a los curiosos a preguntar y a los conocedores a debatir.

Al cerrar sus puertas a las once de la noche, La Mezcalería conserva su luz tenue y su música de guitarra acústica. Los últimos clientes, aún con la copa en la mano, comparten anécdotas de sus viajes por los pueblos de Oaxaca, mientras el dueño, con una sonrisa, sirve una última ronda de mezcal joven. La sensación es de comunidad, de un espacio donde el tiempo se mide en sorbos y charlas.

Regresas a la calle Miguel Hidalgo y el eco de las risas se queda en la piel. La Mezcalería no es solo un bar; es un punto de encuentro donde el agave se convierte en conversación, donde cada botella cuenta una historia y donde el visitante sale con una nueva apreciación del mezcal oaxaqueño. Si buscas una tarde que combine sabor, aprendizaje y buena compañía, este es el lugar que te espera.

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