Es medianoche y la calle Murguía vibra con el sonido de pasos y risas. En la terraza de Casa Embajador de Oaxaca, la luz tenue de las lámparas cuelga sobre mesas de madera gastada mientras el humo de mezcal se eleva como una bruma aromática. Un grupo de amigos de la universidad se reúne alrededor de una tabla de mezcal, el camarero sirve el primer trago y el murmullo del bar se vuelve una conversación íntima.

El bar‑grill, conocido por sus catas de mezcal, nació en 2015 cuando dos hermanos oaxaqueños decidieron crear un espacio donde la tradición del mezcal se encontrara con la mixología moderna. La carta incluye una selección de mezcal añejo, joven y reposado, cada uno acompañado de una breve descripción de su origen. El cóctel estrella, el "Mezcal Mule", combina mezcal ahumado, jugo de lima recién exprimido y ginger beer, servido en una taza de cobre que refleja la luz del techo. Un cliente escribió: “El sabor ahumado del mezcal con el picante del jengibre es una explosión que me recuerda a las fiestas de mi infancia”.

Otro favorito de la casa es la tostada de atún, una rebanada crujiente de pan de masa madre coronada con atún fresco, aguacate, cebolla morada y una pizca de chile de árbol. La combinación de la suavidad del aguacate y el picor del chile crea un equilibrio que los comensales describen como “una danza de texturas”. La tostada de atún es perfecta para acompañar un buen mezcal, cada bocado es una sorpresa. La música en vivo, generalmente guitarras acústicas, llena el espacio y crea una atmósfera que invita a quedarse hasta el amanecer.
Los visitantes habituales llegan por la atención del personal, que conoce los nombres de los clientes y sus preferencias. “Siempre me recuerdan mi mezcal favorito y me sugieren nuevas variedades”, dice otro cliente. La barra está hecha de madera de mezquite, y detrás de ella se exhiben botellas de mezcal de pequeñas destilerías locales, lo que convierte al lugar en una pequeña escuela de cultura mezcalera. La gente se sienta en los taburetes de metal, observa la preparación de los cócteles y disfruta del sonido de los vasos chocando.
A medida que la madrugada avanza, la terraza se vuelve más silenciosa, pero la esencia del lugar persiste. El aroma a mezcal sigue flotando, los últimos acordes de guitarra se desvanecen y los clientes se despiden con una sonrisa y la promesa de volver. Casa Embajador de Oaxaca no es solo un bar; es un punto de encuentro donde la tradición, la música y la mixología se funden en una experiencia que deja huella.






