A las siete de la tarde, el pequeño local de Vegan Ramen Mei Del Valle ya vibra con el sonido de tazones chocando y el murmullo de conversaciones en español e inglés. El aire huele a caldo de miso, jengibre y una ligera nota cítrica que recuerda al ginger ale que algunos clientes piden para acompañar. Un par de estudiantes de la UNAM comparten una mesa de madera, mientras un grupo de jóvenes profesionales revisa sus teléfonos entre sorbos de ramen. La calle Félix Cuevas 835 se vuelve un punto de encuentro inesperado, y la luz tenue del interior invita a quedarse.
El local está en el corazón del Valle Sur, a un paso de la parada del Metrobús. Abre de 2 a 9 PM todos los días, lo que lo hace perfecto para la cena después del trabajo o para una comida tardía de fin de semana. La decoración es minimalista y crea un ambiente sencillo. La dueña, una chef apasionada por la cocina vegana, comenta que el concepto nació como una “branch office” de su primer ramen shop en Osaka, adaptando sabores tradicionales a ingredientes vegetales.
El plato estrella es el ramen vegano, servido con fideos al dente, caldo profundo de miso y toppings de tofu crujiente, maíz dulce y brotes de bambú. Un cliente escribe: “El caldo tiene un equilibrio perfecto entre salado y dulce, y el toque de limón al final lo hace inolvidable”. El precio ronda los MX$150, dentro del rango de MX$100–200 que maneja el restaurante. Cada cucharada revela capas de sabor: la primera golpea con la intensidad del jengibre, la segunda despliega la suavidad del tofu, y la última deja una sensación fresca de cilantro.
Más allá del ramen, el menú incluye versiones veganas de platos chinos clásicos. Una reseña dice: “El orange chicken vegano es tan sabroso que ni sospecho que no lleva pollo”. Otro comensal comenta: “El sweet and sour chicken tiene la acidez justa y la dulzura que me recuerda a los recuerdos de la infancia”. Ambos platos se venden alrededor de MX$130 y vienen acompañados de arroz jazmín perfumado. Los clientes destacan la rapidez del servicio y la amabilidad del personal, describiendo la experiencia como “como estar en casa, pero con mejor comida”.
Al cerrar la noche, el reloj marca las ocho y media, y el local sigue lleno. Los últimos comensales se despiden mientras la dueña sirve una última taza de té de jazmín. El eco de los platos vacíos y el aroma persistente del caldo dejan una sensación de satisfacción que invita a volver. En la siguiente visita, seguramente llegaré antes, para probar el nuevo dumpling de setas que anunciaron en su Instagram. Mei Del Valle no es solo un ramen shop; es un refugio donde la comida vegana se vuelve reconfortante y deliciosa, y donde cada visita se siente como una charla con viejos amigos.






