A las ocho de la mañana el bullicio de la calle Emilio Castelar se mezcla con el perfume de chicharrón recién frito. Dentro de La Lucha Sangúcheria Criolla Polanco, la barra está llena de gente que espera su turno, algunos con la mirada fija en el mostrador donde se cuecen los trozos de cerdo. El sonido de la plancha chisporrotea y el vapor de la chicha morada se eleva como una promesa.
El local abrió sus puertas en 2015, fundado por una familia que trajo recetas peruanas a la avenida más elegante de la ciudad. El edificio conserva la señal que anuncia “La Lucha”. Dentro, las paredes están cubiertas de fotos de mercados de Lima y de la propia zona de Polanco, creando una atmósfera que combina lo familiar con lo exótico. El horario es de 9 a.m. a 10 p.m. todos los días, lo que permite a los trabajadores de la zona detenerse tanto en el desayuno como en la cena.
El plato estrella es el sándwich de lomo con chicha morada, un bocado que combina la jugosidad del lomo de cerdo con la dulzura ácida de la bebida tradicional. El pan crujiente se abre para revelar una capa de carne tierna, una hoja de lechuga fresca y una generosa porción de chicharrón que cruje al morder. Un chorrito de salsa de ají amarillo aporta picor, mientras que la chicha morada equilibra el conjunto con su tono morado y su sabor a frutos rojos. El precio ronda los MX$180, una cifra que los clientes consideran justa para la calidad que reciben.
Los comentarios de los comensales refuerzan la reputación del sitio. Una reseña menciona: “‘Pork rind’ es lo que me hizo volver”. Otro cliente escribe: “‘Suckling pig’ en cada bocado, una delicia”. Una tercera opinión destaca: “‘Tenderloin sandwich’ nunca había probado algo tan sabroso”. Estas frases aparecen repetidamente entre los comentarios que ha recibido el negocio, y todas coinciden en elogiar la combinación de texturas y sabores.
Al cerrar la tarde, la luz dorada del atardecer se cuela por la ventana y los últimos clientes se despiden con una sonrisa y una servilleta manchada de salsa. El sonido de la plancha se apaga lentamente, pero el recuerdo del aroma persiste en la calle. La Lucha sigue siendo un punto de encuentro donde la tradición peruana se funde con la energía de la Ciudad de México, y donde cada sándwich cuenta una historia que vale la pena repetir.






