A las siete de la tarde, el bullicio de la avenida Emilio Castelar se vuelve un murmullo cuando entro a La Lucha Sangúcheria Criolla. El mostrador está iluminado por luces cálidas y el aire huele a chicharrón recién frito, a la dulzura de la chicha morada que se sirve en vasos de vidrio. Un grupo de jóvenes en jeans gastados charla animado mientras esperan su orden; el sonido de la parrilla chisporroteando marca el ritmo del lugar.
El plato estrella, el sándwich de lechón asado, llega sobre una bandeja de madera. El pan crujiente sostiene una capa generosa de carne tierna, jugosa, con la grasa caramelizada que se deshace al morder. Dentro, una hoja de lechuga fresca y una salsa de ají amarillo añaden un toque picante que equilibra la riqueza del cerdo. El precio, MX$150, parece justo para la calidad que se siente en cada bocado. En Instagram, el menú muestra fotos de este sándwich, pero nada captura la explosión de sabor que se experimenta al probarlo por primera vez.
“El mejor sándwich de panceta que he probado en la ciudad”, escribe una reseña de un cliente que volvió tres veces en una semana. Otro comensal comenta: “La chicha morada es la acompañante perfecta, refrescante y con un toque de especias que me recuerda a mi infancia”. Una tercera opinión destaca el ambiente: “El personal es amable, y la música de fondo siempre es una mezcla de cumbia y rock indie que te hace sentir en casa”. Estas voces revelan por qué La Lucha se ha convertido en un punto de referencia para los amantes de la comida peruana‑mexicana.
La historia del local se remonta a 2018, cuando sus fundadores, apasionados por la gastronomía de sus raíces peruanas, decidieron traer al corazón de Polanco una versión criolla de la sanguchería. La ubicación, Av. Emilio Castelar 111‑Local‑F, está rodeada de boutiques y galerías, lo que atrae a un público diverso: ejecutivos que buscan una cena rápida después del trabajo y turistas que descubren la fusión de sabores. La apertura de lunes a diez de la noche permite que el lugar sea un refugio nocturno para quienes buscan una cena informal sin pretensiones.
Al cerrar la noche, el aroma de la carne sigue flotando en el aire mientras la última ronda de clientes se despide. La Lucha no es solo un sitio para comer; es un punto de encuentro donde la tradición peruana se mezcla con la energía de la Ciudad de México. Salgo con la sensación de haber descubierto un rincón auténtico, listo para volver al día siguiente y probar el otro sándwich recomendado por los locales: el de lomo con salsa de rocoto, que promete otra explosión de sabores.






