A las 7 p.m. el comedor de Muralla China ya vibra con el sonido de cucharas chocando contra platos y aromas típicos de la cocina china. En la mesa de al lado, un grupo de estudiantes de la Universidad de Oaxaca ríe mientras comparten una bandeja de rollitos primavera, y el camarero, con una sonrisa cansada, repone el buffet que nunca se queda vacío.\n\nEl local, ubicado en Guadalupe Victoria 113, Centro, lleva más de una década sirviendo a la comunidad. Su historia comenzó cuando una familia de origen cantónese abrió un pequeño puesto de comida en la zona; hoy, el restaurante ocupa todo el frente de la calle. La carta se basa en un buffet de estilo familiar, donde los comensales pueden servirse tantas raciones como deseen, con precios que van de MX$30 a MX$90, lo que lo sitúa en la categoría de precios accesibles para la mayoría.\n\nLos platos más comentados en las reseñas son el arroz frito con camarones, crujiente por fuera y jugoso por dentro, y el pato a la pekinesa, cuya piel dorada se deshace al tocarla. Un cliente escribió: "El pato tiene una piel crujiente que se derrite en la boca, y el sabor es profundo, no demasiado dulce". Otro visitante recordó: "Los precios son accesibles y la variedad del buffet me hizo volver tres veces en una semana". Una tercera opinión destaca el ambiente: "El personal es respetuoso, las raciones son generosas y siempre hay música ligera que acompaña la comida". Estas voces convergen en la idea de que Muralla China no solo alimenta el estómago, sino también la rutina diaria de quienes buscan una comida rápida sin sacrificar sabor.\n\nDurante la hora del almuerzo, el flujo de clientes aumenta; familias con niños, oficinistas y turistas se alinean frente al mostrador. El ruido se vuelve un murmullo constante, mientras la cocina se llena de aromas típicos de la gastronomía china. En medio de la multitud, el chef, de pie detrás del wok, cocina los fideos con gran destreza. Cada movimiento genera una chispa de humo que se eleva y se mezcla con la música tradicional que suena de fondo.\n\nAl cerrar a las 8 p.m., el local se vuelve más íntimo. Las luces se atenúan y los últimos comensales disfrutan de una taza de té mientras revisan sus teléfonos. El recuerdo de la noche se queda en la sensación del arroz frito y la calidez del servicio. Salir de Muralla China a esa hora es como regresar a la calle con el estómago lleno y la certeza de que la cocina china tiene un lugar en el corazón de Oaxaca.
DestacadoMuralla China: el sabor chino que conquista el centro de Oaxaca
Una visita a Muralla China revela cómo la cocina oriental se adapta al bullicio oaxaqueño, con buffet abundante y precios que invitan a volver.
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