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The grand facade of Mérida's iconic cathedral bathed in warm sunset light.Destacado

La Bernarda: un rincón italiano en Cordemex

En la calle 49, entre la 42 y la 44, La Bernarda sirve pasta y pizza que hacen volver a la gente una y otra vez.

A las siete de la tarde, la terraza de La Bernarda se llena de gente. Un grupo de estudiantes de la Universidad de Yucatán se ha acomodado bajo la luz, mientras una pareja mayor revisa el menú. El ambiente se llena de risas y el sonido de la cocina.

La historia del lugar comienza en 2015, cuando dos hermanos de origen italiano decidieron traer un pedazo de su tierra natal a la zona de Cordemex. El nombre, La Bernarda, rinde homenaje a la abuela que les enseñó a amasar la harina y a respetar el tiempo de cocción. Hoy, la carta destaca la pizza margarita, una masa fina cubierta con mozzarella, albahaca y aceite de oliva, con un precio alrededor de $150. La pasta al dente, como los fettuccine al pesto, cuesta aproximadamente $130 y se sirve con piñones. Cada plato refleja una cocina que prioriza la frescura de los ingredientes.

Los clientes hablan con entusiasmo. "La pasta al dente me recordó a mi infancia en Italia", escribe María G. en una reseña. Otro comensal, Carlos R., comenta: "El ambiente es tan acogedor que uno se queda horas charlando, y la pizza siempre sale crujiente y sabrosa". Una tercera opinión, de Ana L., destaca: "Los camareros siempre recuerdan mi nombre y mi orden, eso hace que la experiencia sea personal". Estas voces revelan un lugar donde la comida no solo alimenta, sino que crea recuerdos compartidos.

A medida que avanza la noche, la terraza se vuelve más animada. Los locales llegan después del trabajo, buscando una cena ligera. El sonido de la campana indica que la pizza está lista; el queso se derrite. Dentro, las mesas de madera y las paredes con fotos familiares añaden un toque nostálgico. La atención es rápida, y el personal sugiere el vino de la casa, un tinto joven que complementa la salsa.

Al cerrar la noche, la terraza se vacía lentamente, pero la conversación persiste. La luz tenue ilumina los últimos platos vacíos y el aroma a ajo y albahaca se percibe en el aire. Salgo de La Bernarda con la sensación de haber encontrado un refugio italiano en Mérida, donde cada visita reafirma la promesa de una comida hecha con pasión.

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