A las siete de la mañana, el aroma a café recién molido y pan recién horneado se cuela por la puerta de Antica Roma. Los vecinos del barrio Los Pinos se reúnen en la pequeña terraza, algunos con el periódico en mano, otros con el celular, pero todos con la mirada fija en la vitrina donde brillan los croissants y la focaccia. El murmullo de conversaciones se mezcla con el sonido de la máquina de espresso, creando una escena cotidiana que se siente como un ritual.
Mario, el dueño, heredó el local de su padre, quien había llegado a Mérida en los años noventa buscando una segunda vida. Con una placa de madera que dice "Familia desde 1998", el restaurante se ha convertido en un punto de referencia para los que buscan una comida italiana auténtica sin salir de la ciudad. La carta, disponible en línea, muestra platos que van desde la clásica pizza hasta el fettuccine al pesto, todo preparado con ingredientes importados y productos locales. La atención es cálida; Mario suele saludar a los clientes por su nombre y preguntar por sus planes del día.
El plato estrella, el fettuccine al pesto de albahaca, llega a la mesa en una fuente de cerámica blanca. Los fideos están al dente, cubiertos por una salsa verde brillante que combina albahaca fresca, piñones tostados y queso parmesano. Cada bocado ofrece una combinación de frescura herbácea y la suavidad cremosa del queso, mientras el crujido sutil de los piñones añade textura. El precio ronda los $150, lo que lo coloca en la gama media del menú, pero los comensales consideran que la calidad justifica el gasto.
Los visitantes repiten la visita por la variedad de opciones. Algunos prefieren la pizza de masa fina con tomate San Marzano y mozzarella de búfala, mientras que otros se inclinan por el risotto de champiñones, que llega cremoso y perfumado. Se nota la rapidez del servicio durante la hora del almuerzo y la atmósfera acogedora en la noche, cuando las luces amarillas iluminan las mesas exteriores y suena música italiana suave. La relación calidad‑precio es alabada, y la gente menciona que el menú es accesible para familias y parejas por igual.
Al caer la tarde, el bullicio se vuelve más relajado. Las mesas se llenan de parejas que comparten una botella de sangría y una porción de tiramisú, mientras el sonido de la campana de la puerta anuncia la llegada de nuevos clientes. La experiencia se siente completa: la combinación de sabores italianos, el toque local de Mérida y la hospitalidad de Mario hacen que Antica Roma sea más que un restaurante; es un punto de encuentro donde la comida crea recuerdos. Al salir, el perfume del pan recién horneado sigue acompañando al paso, recordando que la mejor forma de empezar el día en Los Pinos es con una taza de café y una sonrisa en Antica Roma.






