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a restaurant at night lit up with colorful lightsDestacado

Una noche con trufa en Barrio Napoli Pizzería

Entre el aroma de la masa recién horneada y el susurro de la gente en la Plaza Victory, la pizza de trufa de Barrio Napoli se vuelve un ritual nocturno en Mérida.

A las ocho de la noche, el ambiente del lugar se llena de conversaciones que se extienden por la zona. Me encuentro en una mesa, rodeado de jóvenes universitarios y familias que esperan la señal del pizzero. El camarero me entrega la caja de cartón con la pizza de trufa negra.

El primer bocado es una explosión de tierra y crema. La masa lleva una capa ligera de salsa de tomate, realzada por el aceite de trufa. Sobre ella, se añaden ingredientes que aportan un contraste dulce‑salado. El queso mozzarella se funde, y los pistachos tostados añaden un toque crujiente. El precio, $180, parece justo para una experiencia que combina tradición italiana con toques yucatecos.

“Esta pizza me transportó a la infancia, pero con un giro gourmet”, comenta Ana. Otro cliente, Carlos, comenta: “El aroma a trufa es tan intenso que no puedes evitar cerrar los ojos y saborear cada ingrediente”. Y María, que visita el local cada viernes, asegura: “El servicio es rápido, el ambiente es relajado y siempre me dejan un trozo extra de postre, el helado de pistacho, que es la guinda del día”. Estas voces resaltan la combinación de sabores y la atención amable del personal.

Barrio Napoli nació en 2015 cuando dos hermanos de origen napolitano decidieron traer a Mérida la auténtica pizza al estilo de su tierra, pero adaptándola a los productos locales. La carta, disponible en línea, muestra una variedad que va desde la clásica margarita hasta la audaz pizza de beet y queso de cabra, pero es la de trufa la que ha ganado el corazón de la ciudad. Los horarios flexibles, de 5 pm a 11 pm de lunes a sábado y hasta las 10 pm los domingos, permiten que tanto la cena como la merienda se disfruten sin prisas.

Al final de la noche, mientras la gente se despide y la música de una banda local se desvanece, la mesa queda cubierta de migas doradas y el recuerdo de una pizza que sabe a celebración. Volveré mañana, quizás a probar la pizza de beet, pero siempre guardaré la sensación de esa primera mordida de trufa, como una conversación que se queda en la memoria mucho después de que se apague la luz.

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