Cuando el reloj marca las diez y la plaza de Ocotlán se vuelve un mosaico de luces de neón, el aire se llena de aromas de carbón y chilango. Los vendedores ambulantes siguen tirando sus puestos, mientras la música de cumbia se escapa de los bares cercanos. Las calles de la avenida Hidalgo siguen transitadas, con estudiantes y trabajadores que buscan una última mordida antes de volver a casa. En medio de ese bullicio, tres lugares todavía mantienen sus puertas abiertas, listos para alimentar a los noctámbulos.
Carnes Asadas Conchita, ubicada en la calle principal, se ha convertido en mi parada obligada cuando el hambre ataca después de la medianoche. La parrilla entrega tacos de carne asada con salsa verde picante y una guarnición de frijoles, todo a precios que van de un peso a cien. El ambiente es ruidoso pero acogedor; la gente charla mientras el sonido de la carne chisporroteando llena el aire. Si llegas antes de la última hora de servicio, la fila se vuelve una oportunidad para compartir historias con extraños.
Mercado Morelos, el corazón comercial del centro, mantiene sus puertas hasta las seis de la tarde. Allí, los puestos de tlayudas y tasajo siguen sirviendo porciones abundantes a precios moderados. El bullicio de los compradores y el aroma del mole recién preparado crean una atmósfera que se extiende hasta el último cliente. Aunque cierra antes de la medianoche, vale la pena pasar por ahí antes de la noche para cargar energías antes de seguir la ruta nocturna.
Mezcal Nectar Zapoteco abre sus puertas a las ocho de la mañana y cierra a las veinte horas, pero su barra de mezcal sigue atrayendo a los que buscan un trago después del trabajo. El local exhibe botellas de mezcal artesanal. Pido la degustación de mezcal con una guarnición de quesillo y chicharrón; el sabor ahumado del licor se equilibra con la frescura del queso. El público está compuesto por jóvenes profesionales y artistas locales, y la música de guitarra mexicana suena a bajo volumen, creando un espacio relajado para conversar hasta la hora de cierre.
Si ya se ha ido la última luz y aún buscas algo, el carrito de tacos que ronda la esquina de la calle Reforma nunca falta. A las tres de la mañana, su parrilla sigue chisporroteando y sirve tacos de suadero con cebolla y cilantro, a un precio que no sorprende. Ese pequeño puesto se ha convertido en mi emergencia de 3 am, siempre listo para salvar el estómago después de una larga noche.




