Son las ocho de la mañana y la calle Ignacio Zaragoza ya vibra con el sonido de pasos apresurados y el tintinear de tazas. Dentro de FIKA, el aire se llena de una mezcla de café tostado y mole que se cuece lentamente en la cocina. Un grupo de estudiantes revisa sus laptops mientras el barista vierte un latte con espuma perfecta; la luz de la ventana dibuja sombras sobre las mesas de madera clara. El olor a chocolate caliente se cuela entre los aromas de pan recién horneado y el perfume especiado del mole, creando una atmósfera que invita a quedarse.
FIKA no es solo una cafetería; nació de la pasión de dos hermanos que, tras viajar por Asia, quisieron traer esa cultura de café de especialidad a Morelia. El local, de fachada blanca con un letrero de neón azul, muestra una barra de acero donde se preparan cafés de origen único y, sorprendentemente, platos que recuerdan a la cocina asiática. Las paredes están decoradas con cuadros de granos de café y tazas de cerámica hechas a mano, mientras una vitrina exhibe bagels recién horneados y una selección de panes franceses. El menú, disponible en su página de Facebook, combina lo mejor del espresso con toques de la cocina local, como el mole que acompaña a sus chilaquiles.
El plato estrella, los chilaquiles al mole, llega en un plato de cerámica negra y se cubre con una salsa de mole oscuro, crujientes totopos, queso fresco y una lluvia de cilantro. Cada bocado combina la textura crujiente de los totopos con la suavidad del mole, mientras el picor se equilibra con la frescura del cilantro. El precio es MX$85, lo que lo sitúa en la gama media del menú. Otro favorito es el chicken bagel, un bagel tostado relleno de pollo marinado, lechuga y una salsa ligera de mayonesa de cilantro, por MX$70. Para los amantes del té, el dirty chai, una mezcla de chai especiado con un chorrito de espresso, cuesta MX$55 y se sirve caliente, ideal para combatir el frío matutino.
Los clientes no dejan de hablar. Una reseña dice: “Los chilaquiles con mole son una explosión de sabor, nunca había probado algo así en una cafetería”. Otro visitante comenta: “El dirty chai me salvó la mañana, el espresso le da el toque justo”. Un tercer cliente escribe: “El bagel de pollo es perfecto, el pan está crujiente y la salsa de cilantro le da un frescor inesperado”. Estas opiniones reflejan la combinación de café de alta calidad y platos que sorprenden al paladar, algo que ha convertido a FIKA en un punto de referencia para estudiantes, freelancers y amantes del buen café.
Al cerrar la tarde, la luz dorada del atardecer entra por la ventana y el aroma del café se vuelve más profundo, casi melancólico. Los últimos clientes se despiden con una taza de flatwhite, mientras el barista limpia la barra y prepara la máquina para el día siguiente. Salgo del local con el sabor del mole todavía en la boca y la sensación de haber encontrado un refugio donde la tradición mexicana y la influencia asiática conviven en cada sorbo y bocado. FIKA sigue siendo ese lugar donde la mañana se saborea mejor, y donde cada visita deja una historia que contar.






