A las 7 p.m., la luz dorada se cuela por las ventanas de Café MX mientras un grupo de niños corre hacia el área de juegos. El sonido de las tazas chocando y el perfume a café recién molido llenan el aire; el mostrador brilla con vitrinas de pasteles y una pizarra que anuncia "chilaquiles del día". Me siento en una mesa junto a la ventana, observo cómo la gente se sirve de la barra y escucho risas que se mezclan con la música suave de fondo.
Café MX no es solo una cafetería; es un punto de encuentro para familias y jóvenes que buscan algo más que un simple café. El menú, que ronda entre MX$100 y MX$200, incluye platos que sorprenden a cualquiera que haya probado la típica comida de la zona. Los chilaquiles, servidos con huevo estrellado y salsa verde, llegan en un plato hondo; la tortilla crujiente se vuelve suave al contacto con la salsa, mientras el huevo aporta una textura cremosa. Un cliente escribió: "Los chilaquiles me recordaron a los de mi infancia, pero con un toque gourmet que los hace especiales". Otro reseñó: "El pastel de arrachera es una locura, dulce y salado en perfecta armonía". La tercera opinión destaca: "El Canadian steak pie es como un viaje a Toronto, pero sin salir de Morelia".
El área de juegos para niños, con colores vivos y mesas bajas, permite que los padres disfruten tranquilos. Mientras tanto, en la barra se prepara una pizza de masa fina con ingredientes frescos; la combinación de queso fundido y albahaca perfuma el espacio. Un visitante comentó: "La pizza de la tarde es mi escape después del trabajo, siempre caliente y con la porción justa". Entre los platos más solicitados está la Nexpa salad, una ensalada de quinoa, aguacate y mango que brinda frescura en medio del calor de la tarde. Cada bocado ofrece una mezcla de texturas: el crujido de la quinoa, la suavidad del aguacate y el dulzor del mango, todo aderezado con una vinagreta ligera.
El personal, siempre atento, conoce a los clientes habituales por nombre. En una conversación, la camarera me contó que el café empezó como un pequeño puesto en 2015 y que la expansión a su actual ubicación se debió al apoyo de la comunidad. Esa historia se refleja en la decoración: fotos en blanco y negro de los primeros días adornan las paredes, recordando los comienzos modestos. La atención al detalle, desde la presentación de los platos hasta la disposición de los asientos, crea un ambiente acogedor que invita a quedarse.
Al cerrar, la luz se atenúa y el aroma a café sigue flotando. Salgo del local con una porción de pastel de arrachera bajo el brazo, pensando en cómo este lugar combina lo tradicional con toques contemporáneos. Café MX se ha convertido en mi referencia cuando busco una comida reconfortante sin pretensiones, un sitio donde cada visita revela algo nuevo.






