A las ocho de la noche, la terraza de Romeo & Julieta está animada. Se percibe el aroma del mar y de la cocina abierta. Algunas personas se acomodan mientras el músico, con una sonrisa, afina sus cuerdas. El sol se está poniendo y comienza a oscurecer, creando un ambiente que invita a quedarse.
El menú es una carta de clásicos italianos adaptados al paladar mexicano. El fettuccini alfredo, mi elección, llega en un plato amplio: la pasta está al dente, la salsa es cremosa, con queso parmesano recién rallado. Cada bocado combina la suavidad de la crema con la ligera picazón del ajo. Al lado, el penne pesto, con albahaca fresca y piñones tostados, deja una sensación herbácea que persiste en el paladar.
Los visitantes hablan con entusiasmo. La guitarra en vivo le da un toque especial al ambiente. El fettuccini alfredo destaca por su salsa perfecta y su ambiente íntimo. El pistachio ice cream es una delicia que cierra la cena. La combinación de música, comida y vista al mar crea una experiencia que hace que la gente vuelva.
Detrás del mostrador, el chef, formado en la Toscana, dirige el restaurante. La pasta sin gluten está disponible en el menú y es muy popular. La carta de vinos incluye etiquetas italianas que complementan cada plato, como el risotto de setas.
Al final de la noche, la música disminuye y el murmullo de las conversaciones se vuelve más suave. La brisa nocturna trae el sonido de las olas, y la última mesa termina con una porción de pistachio ice cream. Salgo del restaurante con la sensación de haber vivido una escena sacada de una película: la guitarra, la pasta al dente y el mar como telón de fondo. La próxima vez que pase por el Blvd., recordaré este lugar. Paseo de la Marina, sabré que Romeo & Julieta sigue esperando, con su guitarra y su fettuccini, para ofrecer otra noche inolvidable.






