A las 9 pm, el sonido de una guitarra acústica se cuela entre el murmullo de la multitud y el chisporroteo de las botellas al abrirse. En la terraza de Patio Santo, un grupo de amigos de la universidad se sienta en taburetes de metal mientras el camarero sirve una ronda de cervezas artesanales bien frías. El aroma a madera quemada del grill se mezcla con el perfume cítrico del cóctel de mezcal que lleva una esfera de espuma de jalapeño, una muestra de la mixología molecular que el bar ha convertido en su sello.
El bar‑grill, ubicado en P.º Ensenada 1162, Playas de Tijuana, abre sus puertas a partir de las 2 pm y se extiende hasta la madrugada del viernes y sábado. La carta no está repleta de precios, pero los clientes hablan de su "chicharrón de ribeye" como la estrella del menú, una pieza jugosa de carne crujiente al exterior y tierna por dentro, servida sobre una cama de papas rústicas y acompañada de una salsa de aguacate que equilibra la grasa con frescura. Un comensario escribe: "El chicharrón de ribeye es una explosión de sabor, la carne está perfectamente sazonada y la salsa le da un toque inesperado".
La atmósfera de karaoke se activa cada noche de jueves a domingo. "Me encantó cantar mi canción favorita sin miedo, el personal anima y la acústica es genial", comenta otro cliente. La combinación de karaoke y cerveza artesanal crea una vibra de camaradería que hace volver a la gente una y otra vez. Un tercer crítico menciona: "El servicio es rápido, el valet parking es una ventaja y el equipo siempre está listo para recomendar una cerveza que combine con el plato del día".
Detrás del mostrador, el propietario, originario de la zona, decidió abrir Patio Santo después de años trabajando en bares de la ciudad. Quería un espacio donde la gente pudiera reunirse sin formalidades, donde la música, la comida y los experimentos de cócteles pudieran coexistir. La mixología molecular, con sus esferas de fruta y espumas aromáticas, surgió como una forma de sorprender a los clientes habituales que ya conocían los clásicos.
Al cerrar la noche, el sol se asoma tímido sobre el mar y el sonido de las olas se mezcla con los últimos acordes de una canción de balada. Los clientes se despiden con una sonrisa, algunos todavía tarareando la melodía que cantaron. Patio Santo sigue allí, listo para la próxima ronda de karaoke, el próximo cóctel humeante y el siguiente bocado de chicharrón de ribeye. Es un lugar donde la gente no solo bebe, sino que vive la experiencia de Tijuana en cada sorbo y cada canción.
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