A las siete de la tarde, la calle Novena vibra con el sonido de conversaciones y el tintineo de vasos. La puerta de La Grieguita Novena se abre y una corriente de aire cálido, cargada de mentol y aceite de oliva, se cuela en la acera. Un grupo de amigos de la universidad está ya sentado, riendo mientras esperan el plato que todos recomiendan: el gyro de cordero. El camarero, con una sonrisa fácil, sirve una tabla de hummus cremoso, aceitunas negras y pan pita recién horneado. El olor a carne asada se mezcla con la frescura del yogur, creando una atmósfera que invita a quedarse.
La historia de La Grieguita Novena comienza hace una década, cuando los hermanos Pérez, amantes de la cocina mediterránea, decidieron abrir una sucursal en Mexicali después de pasar años trabajando en Atenas. El local conserva la fachada de un edificio de los años cincuenta, pero el interior está decorado con azulejos blancos y toques de azul que recuerdan al mar Egeo. Cada mesa está acompañada de una pequeña vela que parpadea al ritmo de la música griega que suena de fondo, creando un ambiente íntimo sin ser pretencioso. Los clientes habituales hablan de la consistencia del sabor: el cordero del gyro siempre está jugoso, la salsa de tzatziki tiene la proporción perfecta de pepino y ajo, y el pan pita llega crujiente y tibio.
El menú, accesible dentro del rango de MXN 100‑200, ofrece platos clásicos como la ensalada griega, la sopa avgolemono y el kebab de pollo. El plato estrella, sin duda, es el gyro de cordero: finas tiras de carne marinada en hierbas, servidas sobre pan pita con tomate, cebolla y una generosa capa de salsa de yogur. La textura de la carne, tierna por dentro y ligeramente crujiente por fuera, contrasta con la frescura de los vegetales. Un cliente comentó que el sabor “te transporta a una terraza en la costa de Creta”, mientras otro señaló que el precio “vale cada peso”.
Durante la hora del almuerzo, la terraza se llena de trabajadores de oficinas cercanas que buscan una pausa rápida pero sustanciosa. La rapidez del servicio permite que el plato llegue en menos de diez minutos, y la atención al detalle sigue siendo la misma. Por la noche, la clientela cambia: parejas jóvenes y grupos de amigos se quedan más tiempo, disfrutando de una copa de vino blanco griego y de la música en vivo que algunos viernes se presenta en el pequeño escenario del local. La energía del lugar se vuelve más relajada, pero la calidad de la comida no disminuye.
Al cerrar las puertas a las nueve de la noche, el aroma persiste en la calle y los visitantes salen con la sensación de haber encontrado un pequeño pedazo de Grecia en el norte de México. La Grieguita Novena no es solo un restaurante; es un punto de encuentro donde la tradición mediterránea se adapta al ritmo de Mexicali, ofreciendo sabores auténticos sin pretensiones. La próxima vez que pases por la calle Novena, detente, abre la puerta y deja que el perfume del cordero y el yogur te guíe a la mesa.
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