Cuando el reloj marca las diez y la calle Vicente Barrera se ilumina con faroles amarillentos, el aire huele a tacos de la esquina y a gasolina de los autos que pasan. Los bares de la zona empiezan a bajar la música y la gente que salió de la plaza busca algo que la barriga no olvide. En esa franja de la noche, solo unos pocos locales siguen con la puerta abierta, ofreciendo un respiro a los que todavía tienen energía para seguir.
Glamour Terraza es el refugio más tardío. Abre sus puertas a las nueve de la mañana y se niega a cerrar antes de las once y media de la noche, de jueves a domingo. La terraza está adornada con luces colgantes que crean sombras suaves sobre las mesas. El sonido del mezcal se mezcla con una canción de cumbia que suena a bajo volumen. El plato que no puedes dejar pasar es la sopa de tortilla, servida con tiras de tortilla crujiente y un chorrito de crema; el precio ronda los 150 pesos y vale cada centavo. Los clientes que llegan después de la medianoche suelen estar en grupos pequeños, charlando bajo la brisa y disfrutando de la vista de la sierra que se asoma detrás del bar.
Barbacoa Don Chava cierra a las seis de la tarde, pero sigue siendo parte del mapa nocturno porque muchos llegan antes de la hora de cierre para cargar energía. La fachada de ladrillo rojo y el aroma del carbón atraen a los que buscan una buena birria o un consomé de guajolote. El menú es económico, con platos que cuestan menos de 100 pesos, y la gente suele quedarse hasta el último minuto, compartiendo quesadillas y una conversación sobre el día que pasó. La atmósfera es familiar, con mesas de madera y una vista parcial del paisaje que rodea el pueblo.
Marisquería El Puerto, ubicada en José Carmen Rueda, abre sus puertas a las diez de la mañana y se despide a las siete de la tarde. Aunque no llega a la madrugada, su presencia es importante porque muchos la visitan antes de salir de fiesta, cargándose de un caldo de mariscos que incluye camarones, mejillones y un toque de chile. El precio es accesible, entre 50 y 100 pesos, y el servicio rápido permite a los clientes volver a la calle con el estómago satisfecho. El local tiene una barra larga donde se pueden observar los pescados frescos y el sonido del agua del acuario de fondo.
Si la madrugada avanza y el estómago sigue rugiendo, la única opción que aún está de pie es Glamour Terraza, que mantiene su barra abierta hasta las once y media. Allí, una última ronda de mezcal y una porción de tacos de su menú nocturno pueden ser la solución perfecta antes de que el sueño finalmente te alcance. En Villa del Carbón, la noche tiene sus límites, pero con estos tres lugares la hambre no tiene por qué ganar.




