Alfredo V. Bonfil después de las diez de la noche se vuelve una calle con luces tenues y el ruido de los autos que regresan de la zona de bares. En el Boulevard Luis Donaldo Colosio todavía se escuchan conversaciones de grupos que buscan algo rápido antes de volver a casa. Algunas puertas siguen abiertas, otras ya han dicho adiós al día.
Las Tarascas Taximaroa mantiene su ventana hasta las ocho de la noche, pero su energía se extiende más allá de la hora oficial. Los clientes llegan a las ocho y el lugar se llena de gente que busca una buena carnita o un consomé caliente. Un cliente comentó que el aroma del chicharrón recién hecho lo atrajo a mitad de la noche, y la fila para la gordita de borrego nunca se detiene. Pide la torta de barbacoa, cuesta alrededor de 70 pesos y llega crujiente, perfecta para acompañar una cerveza de la barra cercana.
Lonchería “El Pocito” (Suc. Colosio) cierra a las cuatro de la tarde, por lo que no aparece en la lista de los noctámbulos. Sin embargo, vale la pena mencionar que su menú de cochinita y panuchos es una referencia para quienes llegan temprano, antes de que la noche se haga pesada. Si planeas una salida que empiece a la tarde, pasar por su ventana antes de que cierre te garantiza un sabor yucateco que dura hasta la madrugada.
Gorditas Alejandra es la única que sigue abierta hasta la una y cuarenta de la tarde, lo que la convierte en una parada obligada después de la fiesta. La masa de maíz se sirve caliente y se rellena con guisados como machaca o asada, todo por menos de 50 pesos. Un cliente recordó que la primera mordida de una gordita de chicharrón a la 1 am le dio la energía que necesitaba para seguir bailando. El local está cerca de la zona de estacionamiento del aeropuerto, lo que lo hace fácil de encontrar incluso cuando la ciudad está medio dormida.
Si la madrugada se vuelve una emergencia y el estómago ruge, Gorditas Alejandra es el refugio que siempre está listo. Mientras Las Tarascas cierra a las ocho, puedes seguir caminando unos minutos y llegar a la puerta de Gorditas, donde la luz del interior te invita a entrar. Allí, una gordita de guisado picante te hará olvidar la hora y te recordará por qué la comida callejera de Alfredo V. Bonfil nunca duerme.


